¡¡Salvemos las ballenas!!
Juan Antonio - 23-10-2006 11:50:11 | Categoria: Medio Ambiente

Un grupo de arponeros islandeses cazó ayer una ballena de tipo rorcual con fines comerciales, por primera vez en los últimos 21 años en los que esa especie había estado protegida por una moratoria.
Los mismos balleneros informaron de la captura del animal, que pertenece a una especie rara que incluso está en la lista internacional de especies amenazadas.
Se trata del primer ejemplar muerto por islandeses desde que este país reanudó a principios de la semana pasada la caza comercial de estos cetáceos, en contra de países como Francia, Alemania y Reino Unido, entre otros muchos, que han condenado la decisión islandesa de, por primera vez en 20 años, saltarse la moratoria que prohíbe la caza.
El martes pasado el gobierno islandés había decidido permitir, hasta el 31 de agosto de 2007, la caza de 9 rorcuales y de 30 ballenas bisón pese a la moratoria que es válida desde 1985.
La organización Greenpeace, que ha sido desde su fundación una enemiga radical de la caza de ballenas, lamentó al conocer la noticia que la crítica internacional al levantamiento de la moratoria no impidiera que se empezase otra vez con el arponeamiento de los animales.
El cuerpo del animal fue conducido a un viejo centro de caza de ballenas cerca de Reykjavik.
"La historia de la caza de ballenas es testigo del agotamiento de una zona tras otra y de una especie tras otra, hasta tal punto que resulta esencial la protección de todas las especies de ballenas para evitar su extinción” – Comisión Ballenera Internacional (CBI), 1.946
Los mismos balleneros informaron de la captura del animal, que pertenece a una especie rara que incluso está en la lista internacional de especies amenazadas.
Se trata del primer ejemplar muerto por islandeses desde que este país reanudó a principios de la semana pasada la caza comercial de estos cetáceos, en contra de países como Francia, Alemania y Reino Unido, entre otros muchos, que han condenado la decisión islandesa de, por primera vez en 20 años, saltarse la moratoria que prohíbe la caza.
El martes pasado el gobierno islandés había decidido permitir, hasta el 31 de agosto de 2007, la caza de 9 rorcuales y de 30 ballenas bisón pese a la moratoria que es válida desde 1985.
La organización Greenpeace, que ha sido desde su fundación una enemiga radical de la caza de ballenas, lamentó al conocer la noticia que la crítica internacional al levantamiento de la moratoria no impidiera que se empezase otra vez con el arponeamiento de los animales.
El cuerpo del animal fue conducido a un viejo centro de caza de ballenas cerca de Reykjavik.
"La historia de la caza de ballenas es testigo del agotamiento de una zona tras otra y de una especie tras otra, hasta tal punto que resulta esencial la protección de todas las especies de ballenas para evitar su extinción” – Comisión Ballenera Internacional (CBI), 1.946


Una madre islandesa se divierte con sus hijos
observando la ballena cazada por compatriotas arponeros en Hvalfjordur, Islandia
Quieren matar 39 este año
El Gobierno islandés ha fijado una cuota de 30 ballenas minke y nueve rorcuales durante la temporada de caza, que dura hasta agosto.
Islandia justifica la vuelta a reanudar la caza comercial de ballenas argumentando la amplia población de estos cetáceos y su interés para la industria pesquera.
Al igual que Noruega, Islandia defiende que la caza es necesaria para evitar que la población de minke crezca tanto que ponga en peligro las reservas pesqueras. A estos dos países se une también Japón.
Las minke son las menores de las siete grandes especies de ballenas. Tienen una longitud de hasta 24 metros y pueden pesar entre 45 y 64 toneladas. La Unión Mundial para la Naturaleza incluye a las ballenas rorcuales en su lista roja de especies amenazadas.
Las grandes ballenas del planeta están en peligro
A pesar de la aprobación de una moratoria internacional sobre la caza comercial de ballenas, Japón, Islandia y Noruega continúan realizando esta actividad, además de llevar a cabo una enérgica campaña para lograr que se levante su prohibición.
Durante el último siglo, gran parte de las poblaciones de ballenas fue diezmada a causa a su caza comercial. Se estima que entre 1925, año en que se introdujo el primer barco factoría ballenero, y 1975, un total de más de 1,5 millones de ballenas ha muerto. Sus perseguidores cazaban las diversas especies pasando de una población a otra a medida que dichas poblaciones disminuían debido a su explotación. Luego de reiteradas demandas por parte de la comunidad mundial, la Comisión Ballenera Internacional (CBI) aprobó una moratoria sobre la caza comercial de ballenas, que entró en vigor en 1986.
Hoy, estamos a punto de presenciar la reanudación de dicha actividad a escala industrial. Noruega continúa con su programa de caza comercial en el Atlántico Norte desobedeciendo la moratoria de la CBI y Japón realiza la caza de este cetáceo bajo el nombre de "caza científica", a pesar de que la carne de ballena se vende en el mercado con fines comerciales. Por su parte, Islandia anunció un programa de "caza científica" de tres años sin la aprobación del Comité Científico de la CIB y que Estados Unidos ha calificado como "inútil". En los últimos tres años, estos tres países han aumentado los recursos destinados a sus programas de caza. Además, presionan enérgicamente para lograr que se levante su prohibición, hecho que traería consecuencias devastadoras para estos cetáceos del planeta que recién comienzan a recuperarse de la explotación sufrida por años. Debido a que crecen y se reproducen lentamente, la restitución de las poblaciones toma bastante tiempo. Además, las ballenas ya están en peligro debido a las diversas amenazas medioambientales provocadas por el hombre, tales como la contaminación tóxica y el cambio climático.
La caza comercial de estos cetáceos nunca se ha realizado de forma sustentable para sus poblaciones ni para los ecosistemas marinos. De hecho, en esta materia la única actividad económicamente sustentable es el turismo de observación.
Debido a la probable reanudación de la caza de ballenas a escala industrial, es necesario actuar con urgencia para detener los intentos de Japón, Islandia y Noruega. Mediante la vía política, el trabajo de divulgación pública y las acciones pacíficas directas en contra de los cazadores en alta mar, Greenpeace está actuando en muchos frentes; luchando para poner fin a la caza comercial de ballenas.
Desde 1987, Japón ha dirigido la caza anual en el Antártico bajo la denominada "caza científica", sin embargo, esta última en realidad es una empresa comercial: la carne de ballena que se obtiene de la "investigación" ballenera japonesa se vende con fines comerciales en este país; transacción que asciende a los 4 mil millones de yenes al año.
Desde que comenzó la "caza científica" de estos cetáceos, Japón ha ido gradualmente ampliando la extensión de sus operaciones, ya sea mediante del aumento de sus cuotas autoasignadas como a través de la expansión de sus operaciones de caza a otras áreas, incorporando así una segunda “caza científica” en el Pacífico Norte. En el año 2000, Japón contravino la CIB y la opinión mundial al expandir la caza en el Pacífico Norte sumando dos nuevas especies: las Sperm y Bryde. Esto genera niveles de indignación pública nunca antes vistos y la protesta diplomática de todas partes del mundo.
A pesar de la oposición internacional, la caza ballenera que realiza Japón podría continuar expandiéndose. En los últimos años, este país ha aumentado los recursos que destina a sus programas de caza y ha insistido en desobedecer la prohibición de la caza comercial. Además, su influencia en la CBI ha ido en aumento como consecuencia de la compra de votos. También ha invertido bastante en una ofensiva de relaciones públicas creada para convencer al público de que la caza de ballenas es cultural y económicamente importante para la nación y que estos cetáceos amenazan la conservación de las reservas de peces debido a que consumen demasiado pescado. Sin embargo, dichos argumentos no se sustentan en una base científica.
La carne de ballena es un alimento de lujo en Japón. Una encuesta de opinión llevada a cabo en 1999, demostró que sólo el 11% de los adultos japoneses apoya la caza de ballenas y que el 14% de este sector se opone a ella.
El Gobierno islandés ha fijado una cuota de 30 ballenas minke y nueve rorcuales durante la temporada de caza, que dura hasta agosto.
Islandia justifica la vuelta a reanudar la caza comercial de ballenas argumentando la amplia población de estos cetáceos y su interés para la industria pesquera.
Al igual que Noruega, Islandia defiende que la caza es necesaria para evitar que la población de minke crezca tanto que ponga en peligro las reservas pesqueras. A estos dos países se une también Japón.
Las minke son las menores de las siete grandes especies de ballenas. Tienen una longitud de hasta 24 metros y pueden pesar entre 45 y 64 toneladas. La Unión Mundial para la Naturaleza incluye a las ballenas rorcuales en su lista roja de especies amenazadas.
Las grandes ballenas del planeta están en peligro
A pesar de la aprobación de una moratoria internacional sobre la caza comercial de ballenas, Japón, Islandia y Noruega continúan realizando esta actividad, además de llevar a cabo una enérgica campaña para lograr que se levante su prohibición.
Durante el último siglo, gran parte de las poblaciones de ballenas fue diezmada a causa a su caza comercial. Se estima que entre 1925, año en que se introdujo el primer barco factoría ballenero, y 1975, un total de más de 1,5 millones de ballenas ha muerto. Sus perseguidores cazaban las diversas especies pasando de una población a otra a medida que dichas poblaciones disminuían debido a su explotación. Luego de reiteradas demandas por parte de la comunidad mundial, la Comisión Ballenera Internacional (CBI) aprobó una moratoria sobre la caza comercial de ballenas, que entró en vigor en 1986.
Hoy, estamos a punto de presenciar la reanudación de dicha actividad a escala industrial. Noruega continúa con su programa de caza comercial en el Atlántico Norte desobedeciendo la moratoria de la CBI y Japón realiza la caza de este cetáceo bajo el nombre de "caza científica", a pesar de que la carne de ballena se vende en el mercado con fines comerciales. Por su parte, Islandia anunció un programa de "caza científica" de tres años sin la aprobación del Comité Científico de la CIB y que Estados Unidos ha calificado como "inútil". En los últimos tres años, estos tres países han aumentado los recursos destinados a sus programas de caza. Además, presionan enérgicamente para lograr que se levante su prohibición, hecho que traería consecuencias devastadoras para estos cetáceos del planeta que recién comienzan a recuperarse de la explotación sufrida por años. Debido a que crecen y se reproducen lentamente, la restitución de las poblaciones toma bastante tiempo. Además, las ballenas ya están en peligro debido a las diversas amenazas medioambientales provocadas por el hombre, tales como la contaminación tóxica y el cambio climático.
La caza comercial de estos cetáceos nunca se ha realizado de forma sustentable para sus poblaciones ni para los ecosistemas marinos. De hecho, en esta materia la única actividad económicamente sustentable es el turismo de observación.
Debido a la probable reanudación de la caza de ballenas a escala industrial, es necesario actuar con urgencia para detener los intentos de Japón, Islandia y Noruega. Mediante la vía política, el trabajo de divulgación pública y las acciones pacíficas directas en contra de los cazadores en alta mar, Greenpeace está actuando en muchos frentes; luchando para poner fin a la caza comercial de ballenas.
Desde 1987, Japón ha dirigido la caza anual en el Antártico bajo la denominada "caza científica", sin embargo, esta última en realidad es una empresa comercial: la carne de ballena que se obtiene de la "investigación" ballenera japonesa se vende con fines comerciales en este país; transacción que asciende a los 4 mil millones de yenes al año.
Desde que comenzó la "caza científica" de estos cetáceos, Japón ha ido gradualmente ampliando la extensión de sus operaciones, ya sea mediante del aumento de sus cuotas autoasignadas como a través de la expansión de sus operaciones de caza a otras áreas, incorporando así una segunda “caza científica” en el Pacífico Norte. En el año 2000, Japón contravino la CIB y la opinión mundial al expandir la caza en el Pacífico Norte sumando dos nuevas especies: las Sperm y Bryde. Esto genera niveles de indignación pública nunca antes vistos y la protesta diplomática de todas partes del mundo.
A pesar de la oposición internacional, la caza ballenera que realiza Japón podría continuar expandiéndose. En los últimos años, este país ha aumentado los recursos que destina a sus programas de caza y ha insistido en desobedecer la prohibición de la caza comercial. Además, su influencia en la CBI ha ido en aumento como consecuencia de la compra de votos. También ha invertido bastante en una ofensiva de relaciones públicas creada para convencer al público de que la caza de ballenas es cultural y económicamente importante para la nación y que estos cetáceos amenazan la conservación de las reservas de peces debido a que consumen demasiado pescado. Sin embargo, dichos argumentos no se sustentan en una base científica.
La carne de ballena es un alimento de lujo en Japón. Una encuesta de opinión llevada a cabo en 1999, demostró que sólo el 11% de los adultos japoneses apoya la caza de ballenas y que el 14% de este sector se opone a ella.
Lecturas (68) - Comentarios (0) - Referencias (0)
Referencias
Comentarios
Los comentarios son propiedad de quien los envió.
No somos responsables por su contenido.
PARTICIPA CON TU COMENTARIO

También puedes comprobar el texto de Tu Comentario, antes de enviarlo, con este CORRECTOR ORTOGRÁFICO en línea












































































