Creador de sueños
Juan Antonio - 16-03-2006 20:05:53 | Categoria: Cultura
Quiso ser perito agrícola y central del Barça, su equipo, y fue sexador de pollos. Es uno de los grandes músicos del siglo XX y desde ayer es Doctor Honoris Causa de la Universidad Complutense. Le han llamado El Nano o El Noi del Poble Sec, y de hecho la gente no se acostumbra a imaginar a Joan Manel Serrat con 63 años; con sus canciones se han jurado amor generaciones de españoles y latinoamericanos, y ha popularizado a grandes poetas pasados y presentes.
El cantautor catalán Joan Manel Serrat, ha sido investido en un acto multitudinario y solemne, que se convirtió en un "reconocimiento de la canción popular que desde hace muchos años forma parte de la vida, está en el alma y el sentimiento de la gente". "Se reconoce a muchos compañeros que hacen canciones cercanas a la gente, buscando contar la realidad", precisó Serrat, para quien "la música está en la entretela del alma".
“Nunca hubo tantos aplausos en un acto de imposición del doctorado honoris causa como hoy”, dijo el rector magnífico de la Universidad Complutense, Carlos Berzosa, en su discurso, que por cierto fue asimismo magnífico y supuso un elocuente ejercicio de memoria colectiva. Y es que ayer Joan Manel Serrat pasó a ser el doctor Serrat. El hermoso paraninfo de la Complutense, ubicado en la calle San Bernardo, lució sus mejores galas para rendir homenaje al noi del Poble Sec. Abarrotado hasta rebosar, el paraninfo acogió a un cantante –o a un cantautor y un poeta- tan querido y admirado, tan conocido, tan universal como Serrat, y lo convirtió en un miembro más, nada menos, que del claustro de la venerable Complutense.
La investidura del cantautor había sido propuesta por el rector Carlos Berzosa en reconocimiento a los méritos de su obra, a su labor en la difusión de la poesía española y latinoamericana, para las que ha rescatado y popularizado a través de su música a poetas como Antonio Machado, Miguel Hernández o Mario Benedetti y por su labor en pro de la convivencia entre las distintas lenguas del Estado español, simultaneando en sus discos con la misma riqueza expresiva el castellano y el catalán. También por su impulso y desarrollo de la música de autor en nuestro país, por la influencia y gran aceptación social de sus canciones a ambas orillas del Atlántico, así como por su constante defensa de los valores democráticos, de los derechos fundamentales y de las libertades públicas.
Apadrinado por el musicólogo y director del Instituto Complutense de Ciencias Musicales, Emilio Casares, Serrat entró en el Paraninfo vestido de azul celeste ("azul Galicia", diría él), con la toga de su doctorado, por la Universidad de Geografía e Historia; entre sus padrinos, avanzando como un defensa central, mirando a un lado y al otro, asustado al principio, distendido después. Aplaudió al coro universitario que entonó "Aquellas pequeñas cosas", y después de ese momento emocionante de la ceremonia ya se hizo dueño del auditorio.
Tenía delante a una gran cantidad de sus amigos (Peridis, que estaba entre ellos, declaró al final: "Es como si hubieran rendido homenaje a nuestra generación") y escuchó con mucha concentración al profesor Emilio Casares, que hizo su elogio.
Feliz, subió luego al estrado, revestido ya de los atributos de doctor e hizo de la ocasión un momento serratiano: improvisó chistes (sonó un móvil y aconsejó: "Cógelo, puede ser un ser querido, o alguien de la familia"), desgranó sus agradecimientos con muchos guiños personales, y parecía que era doctor desde hacía mucho tiempo. De hecho, lo es ya por cuatro universidades más, en México, en Argentina..., pero por primera vez pasaba el examen en una universidad española. Berzosa recordó la historia de defensa de la libertad de este centro, y en ese marco la figura y la historia de Serrat encajaron como los guantes blancos que formaban parte de los atributos doctorales... Serrat citó enseguida a Rafael Azcona, su amigo, que le estaba escuchando. El guionista había dicho que los premios deben ser secretos "y estar fuertemente dotados", pero este premio de la Complutense tenía para un culé como él un atractivo que vale muchísimo más que el dinero: "¡Ya saben ustedes lo que supone para un catalán ganar en Madrid!".
Su parlamento fue –como no podía ser de otro modo- ingenioso, divertido, a veces solemne, otras relajado. Dijo cuanto tenía que decir y lo dijo magistralmente. “Maestro”, le había denominado el catedrático Casado que ofició, con erudición y acierto, de padrino. Subrayó su satisfacción: “Más que un mérito esto de hoy es una bendición”. Recordó que había contribuido a “devolver la normalidad al catalán” y añadió: “Yo soy un catalán mestizo. Soy bilingüe como los reptiles”. Pero precisó con agudeza: “Me expreso mejor en la lengua que me prohibieron”; y dijo sentirse ''feliz de poder ayudar a dignificar la canción'' con este reconocimiento.
Fue un discurso muy serio, reivindicó las raíces culturales de su bilingüismo, y tanto él como Berzosa rindieron homenaje a la cultura catalana, pero sólo le faltó cantar para hacer que el auditorio se sintiera en uno de sus recitales. No estaba Joaquín Sabina, su amigo, pero se halló tan feliz del homenaje que recibía que "incluso me siento atacado por la vanidad de sufrir un ataque de vanidad y hacer una OPA a Sabina" en su tierra. "No habré sido un árbol tan torcido si me he hecho acreedor de un birrete", y se reprimió ante los posibles pareados que esa palabra, birrete, puede desatar.
Símbolo de libertad
Serrat es un extraordinario cantante que jamás ha renunciado a su ideología progresista, de izquierdas, socialista sin exclusiones. Combatió primero a Franco. Es un ídolo en Latinoamérica. Porque –entre otras sólidas razones artísticas- combatió con su voz y su guitarra a los generales argentinos de la dictadura sangrienta y a un asesino llamado Pinochet. Es, el ahora doctor Serrat, un símbolo de la libertad y, sobre todo, una persona humana, entrañable, sensible, vitalista. Ha combatido recientemente al cáncer y millones de ciudadanos celebramos la victoria de Serrat sobre la muerte presagiada.
El cantautor catalán Joan Manel Serrat, ha sido investido en un acto multitudinario y solemne, que se convirtió en un "reconocimiento de la canción popular que desde hace muchos años forma parte de la vida, está en el alma y el sentimiento de la gente". "Se reconoce a muchos compañeros que hacen canciones cercanas a la gente, buscando contar la realidad", precisó Serrat, para quien "la música está en la entretela del alma".
“Nunca hubo tantos aplausos en un acto de imposición del doctorado honoris causa como hoy”, dijo el rector magnífico de la Universidad Complutense, Carlos Berzosa, en su discurso, que por cierto fue asimismo magnífico y supuso un elocuente ejercicio de memoria colectiva. Y es que ayer Joan Manel Serrat pasó a ser el doctor Serrat. El hermoso paraninfo de la Complutense, ubicado en la calle San Bernardo, lució sus mejores galas para rendir homenaje al noi del Poble Sec. Abarrotado hasta rebosar, el paraninfo acogió a un cantante –o a un cantautor y un poeta- tan querido y admirado, tan conocido, tan universal como Serrat, y lo convirtió en un miembro más, nada menos, que del claustro de la venerable Complutense.
La investidura del cantautor había sido propuesta por el rector Carlos Berzosa en reconocimiento a los méritos de su obra, a su labor en la difusión de la poesía española y latinoamericana, para las que ha rescatado y popularizado a través de su música a poetas como Antonio Machado, Miguel Hernández o Mario Benedetti y por su labor en pro de la convivencia entre las distintas lenguas del Estado español, simultaneando en sus discos con la misma riqueza expresiva el castellano y el catalán. También por su impulso y desarrollo de la música de autor en nuestro país, por la influencia y gran aceptación social de sus canciones a ambas orillas del Atlántico, así como por su constante defensa de los valores democráticos, de los derechos fundamentales y de las libertades públicas.
Apadrinado por el musicólogo y director del Instituto Complutense de Ciencias Musicales, Emilio Casares, Serrat entró en el Paraninfo vestido de azul celeste ("azul Galicia", diría él), con la toga de su doctorado, por la Universidad de Geografía e Historia; entre sus padrinos, avanzando como un defensa central, mirando a un lado y al otro, asustado al principio, distendido después. Aplaudió al coro universitario que entonó "Aquellas pequeñas cosas", y después de ese momento emocionante de la ceremonia ya se hizo dueño del auditorio.
Tenía delante a una gran cantidad de sus amigos (Peridis, que estaba entre ellos, declaró al final: "Es como si hubieran rendido homenaje a nuestra generación") y escuchó con mucha concentración al profesor Emilio Casares, que hizo su elogio.
Feliz, subió luego al estrado, revestido ya de los atributos de doctor e hizo de la ocasión un momento serratiano: improvisó chistes (sonó un móvil y aconsejó: "Cógelo, puede ser un ser querido, o alguien de la familia"), desgranó sus agradecimientos con muchos guiños personales, y parecía que era doctor desde hacía mucho tiempo. De hecho, lo es ya por cuatro universidades más, en México, en Argentina..., pero por primera vez pasaba el examen en una universidad española. Berzosa recordó la historia de defensa de la libertad de este centro, y en ese marco la figura y la historia de Serrat encajaron como los guantes blancos que formaban parte de los atributos doctorales... Serrat citó enseguida a Rafael Azcona, su amigo, que le estaba escuchando. El guionista había dicho que los premios deben ser secretos "y estar fuertemente dotados", pero este premio de la Complutense tenía para un culé como él un atractivo que vale muchísimo más que el dinero: "¡Ya saben ustedes lo que supone para un catalán ganar en Madrid!".
Su parlamento fue –como no podía ser de otro modo- ingenioso, divertido, a veces solemne, otras relajado. Dijo cuanto tenía que decir y lo dijo magistralmente. “Maestro”, le había denominado el catedrático Casado que ofició, con erudición y acierto, de padrino. Subrayó su satisfacción: “Más que un mérito esto de hoy es una bendición”. Recordó que había contribuido a “devolver la normalidad al catalán” y añadió: “Yo soy un catalán mestizo. Soy bilingüe como los reptiles”. Pero precisó con agudeza: “Me expreso mejor en la lengua que me prohibieron”; y dijo sentirse ''feliz de poder ayudar a dignificar la canción'' con este reconocimiento.
Fue un discurso muy serio, reivindicó las raíces culturales de su bilingüismo, y tanto él como Berzosa rindieron homenaje a la cultura catalana, pero sólo le faltó cantar para hacer que el auditorio se sintiera en uno de sus recitales. No estaba Joaquín Sabina, su amigo, pero se halló tan feliz del homenaje que recibía que "incluso me siento atacado por la vanidad de sufrir un ataque de vanidad y hacer una OPA a Sabina" en su tierra. "No habré sido un árbol tan torcido si me he hecho acreedor de un birrete", y se reprimió ante los posibles pareados que esa palabra, birrete, puede desatar.
Símbolo de libertad
Serrat es un extraordinario cantante que jamás ha renunciado a su ideología progresista, de izquierdas, socialista sin exclusiones. Combatió primero a Franco. Es un ídolo en Latinoamérica. Porque –entre otras sólidas razones artísticas- combatió con su voz y su guitarra a los generales argentinos de la dictadura sangrienta y a un asesino llamado Pinochet. Es, el ahora doctor Serrat, un símbolo de la libertad y, sobre todo, una persona humana, entrañable, sensible, vitalista. Ha combatido recientemente al cáncer y millones de ciudadanos celebramos la victoria de Serrat sobre la muerte presagiada.
Fue el rector quien le impuso el birrete laureado, distintivo del magisterio; el libro de la ciencia, en este caso una edición facsímil de 'La música poema' de Tomas de Iriarte, el anillo como emblema del privilegio de sellar los dictámenes, consultas y censuras, y los guantes blancos, símbolo de la pureza que debe conservar sus manos.
En su discurso de agradecimiento, Serrat explicó que escribe canciones para expresarse y comunicarse: "Cantando comparto lo que amo y me enfrento a lo que odio, pero en realidad canto por el gusto de cantar; es un placer y un privilegio, y además te dan mesa en los restaurantes"; "para ser querido, para que me quieran más amigos, y para tener cada vez más amigos". "Me siento feliz de poder con ella ayudar a dignificar la canción. Un hombre que le pagan por hacer lo que le gusta más que un mérito lo que tiene es una bendición", indicó. "Disfruto mucho de algo tan simple como el cariño y si para algo vale la pena vivir y hacer canciones es para querer y ser querido", concluyó.
Contribución a la difusión de la poesía
El padrino de Serrat, Emilio Casares, recordó que, tras investir doctor 'honoris causa' a Joaquín Rodrigo, Carmelo Bernaola, Luis de Pablos, Teresa Bergaza, Tomás Marco, Plácido Domingo y Antón García Abril, la Complutense reconoce ahora "a la otra creación musical, esa que en Hispanoamérica se conoce como canción popular urbana" y que con Serrat "nos han ayudado a definirnos como sujetos sociales".
El doctor Serrat aludió con sorna, en cuanto al bilingüismo, al negro Machín: “Se pueden tener dos lenguas a la vez y no estar loco”. Señaló por qué había musicado a Antonio Machado o a Miguel Hernández o a Joan Salvat Papasseit. El paraninfo se llenó de nostalgia y subió aún más la temperatura ambiente de la emoción palapable. Coincidiendo con el cincuenta aniversario del nacimiento de la canción de autor y porque uno de los motivos de esta distinción es el ''haber hecho popular la poesía de Antonio Machado'', Serrat comentó que él ''tan sólo'' siguió a compañeros como Paco Ibáñez, Raimon y Alberto Cortez.
Tanto en la laudatio del profesor Casares como en el discurso del rector, Antonio Machado (como Mario Benedetti, como Miguel Hernández) fue protagonista de la historia de Serrat, y el doctor honoris causa relató una de las grandes satisfacciones que le produjo su trabajo sobre el poeta de Soledades: "Fue cuando el Gremio de Editores de Madrid me envió una carta agradeciéndome que hubiera contribuido a que se movieran las ventas de Machado gracias, según ellos, a mis discos". Y recordó algo que había escrito en los años setenta Xavier Regàs, promotor teatral, padre de Rosa Regàs, que ayer estaba oyéndole: "Dijo que entonces un hombre culto era aquel que había oído hablar de Machado antes de que yo le hubiera puesto música".
"Hablo el idioma que me prohíben usar"
La contribución de Serrat a la normalización del catalán fue algo muy serio. Fue una de las razones que esgrimió la universidad para doctorarle, estuvo en los discursos de bienvenida y tuvo este párrafo en la lección del cantante: "El catalán ha estado en una situación difícil por aquellos que practicaron o practican la intolerancia y el rencor; para mí siempre fue normal, como que crezcan las uñas... Nunca pensé dejar de cantar en catalán; la lengua donde siempre me sentiré más cómodo es en aquella en que me prohíban cantar". Antonio Machín le ayudó a hacer esta metáfora: "Cómo se pueden querer dos idiomas a la vez y no estar loco".
Serrat reivindicó "la justicia y la libertad, porque alimentan la vida", y también "el realismo de soñar en un futuro donde la vida sea mejor y las relaciones más justas y positivas, y siempre en paz". Canta para expresarse, para defender la felicidad propia y para darla, aunque advirtió de que muchos de esos enamoramientos que ya duran décadas (¡o que no duran!) "no son culpa mía, sino de los atardeceres en que se escucharon mis canciones".
El director de la Complutense, Carlos Berzosa, definió a Serrat como una ''persona amable y generosa, que celebra la vida brindando por las pequeñas cosas''. ''Evoca -dijo- aquello que ama, lo que no quiere perder, sus sueños. Y cuando escribe canta las cosas sencillas: la naturaleza, el amor, la vejez, el sentido de la vida, los recuerdos, algunos nombres de mujer...''. "Serrat abraza con su canto a todo el universo, grandeza que le hace ser el más reconocido, no sólo por su popularidad, también por la hondura de su contenido con el que ha contribuido a moldear la percepción de sensaciones, nuestra vida emocional y nuestros sentimientos". ''Su inteligencia y naturalidad le han permitido plasmar en su obra la riqueza del bilingüismo'', resaltó el rector, Serrat "ha sobrepasado al área estricta de la lengua catalana, lengua que desde aquí reivindico como patrimonio común español y a la que debemos reconocer sus múltiples aportaciones culturales". ''El acceso de Joan Manel Serrat como poeta popular a la cátedra universitaria está más que justificado''.
Al acto asistieron el presidente del Congreso de los Diputados, Manuel Marín; la vicepresidenta, Carmen Chacón; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre (que estuvo un rato y luego se fue cuando hablaba desde el impresionante púlpito del paraninfo el doctor Serrat); los ministros de Educación y Ciencia, María Jesús San Segundo, e Industria, Jesús Montilla; y el ex presidente del Gobierno Felipe González.
Serrat estuvo además arropado por Sonsoles Espinosa, esposa de José Luis Rodríguez Zapatero, que estaba con Yuta Tiffón, la mujer de Serrat. Si uno recorría esas filas que le aplaudieron al llegar, al recibir los atributos de doctor y al irse estaría haciendo (como sugería Peridis) la geografía humana de una generación, con artistas e intelectuales como Ana Belén, Víctor Manuel, Rosa León, Manuel Vincent, Iñaqui Gabilondo, Caballero Bonald, Nicolás Redondo, Santiago Carrillo, Cristina del Valle, Eduardo Bautista, Forges, Almudena Grandes, Trinidad Jiménez, Inés Sabanés y Rosa Regás, entre otros. Y un hombre muy importante en la vida de Serrat, Ricard Miralles, que le ha ayudado a hacer, también en el escenario, gran parte de su música. Se sintió "anonadado; he viajado tanto con él, pero nunca lo había visto rodeado de tanta gente importante, por delante, por detrás..., él supongo que también estará anonadado".
A Serrat ayer, sólo le faltó cantar, pero tarareó, como todos, Aquellas pequeñas cosas: "Uno se cree que los mató el tiempo / y la ausencia, pero su tren / compró billete de idea y vuelta...".
'Maó', nuevo disco en catalán
Antes del solemne acto, Serrat reveló que está ultimando su más reciente disco, que se titulará Maó, nombre en catalán de la ciudad de Mahón, en la isla balear de Menorca, donde el cantante pasa largas temporadas.
El disco incluirá una canción llamada "Si hubiera nacido mujer", en la que el cantautor afirma que hay que ''luchar abiertamente contra la injusticia, bien sea por discriminación por sexo o por lo que sea'', y en la que Serrat se pregunta ''qué hubiera pasado si en vez de Juanito hubiera sido Juana''.
Un gran día
Había sonado de inicio, interpretado por el coro de la Complutense, el Veni Creador que cantan en las ceremonias de entronización del nuevo Papa. Terminó el acto con el Gaudeamus Igitur, el himno de los universitarios. “Alegrémonos, pues, mientras somos jóvenes”. Ya no tiene Joan Manuel vint anys. Ni hace vint anys que tinc vint anys. El tiempo transcurre veloz. Pero el doctor puede alegrarse porque sigue siendo joven. Salía ya el cortejo claustral. Resonaban aún las ovaciones. Un periodista segoviano, que estaba a mi lado, le gritó entonces a Joan Manuel: “!Visca la mare que et va parir. Visca Catalunya, Viva España!”. Volvieron los aplausos. Ayer fue para Serrat, ciertamente, “un gran día.” Reinó la concordia. Desapareció la crispación.
Escucha en "La Ventana" la entrevista a Joan Manuel Serrat tras ser investido doctor honoris causa.
En su discurso de agradecimiento, Serrat explicó que escribe canciones para expresarse y comunicarse: "Cantando comparto lo que amo y me enfrento a lo que odio, pero en realidad canto por el gusto de cantar; es un placer y un privilegio, y además te dan mesa en los restaurantes"; "para ser querido, para que me quieran más amigos, y para tener cada vez más amigos". "Me siento feliz de poder con ella ayudar a dignificar la canción. Un hombre que le pagan por hacer lo que le gusta más que un mérito lo que tiene es una bendición", indicó. "Disfruto mucho de algo tan simple como el cariño y si para algo vale la pena vivir y hacer canciones es para querer y ser querido", concluyó.
Contribución a la difusión de la poesía
El padrino de Serrat, Emilio Casares, recordó que, tras investir doctor 'honoris causa' a Joaquín Rodrigo, Carmelo Bernaola, Luis de Pablos, Teresa Bergaza, Tomás Marco, Plácido Domingo y Antón García Abril, la Complutense reconoce ahora "a la otra creación musical, esa que en Hispanoamérica se conoce como canción popular urbana" y que con Serrat "nos han ayudado a definirnos como sujetos sociales".
El doctor Serrat aludió con sorna, en cuanto al bilingüismo, al negro Machín: “Se pueden tener dos lenguas a la vez y no estar loco”. Señaló por qué había musicado a Antonio Machado o a Miguel Hernández o a Joan Salvat Papasseit. El paraninfo se llenó de nostalgia y subió aún más la temperatura ambiente de la emoción palapable. Coincidiendo con el cincuenta aniversario del nacimiento de la canción de autor y porque uno de los motivos de esta distinción es el ''haber hecho popular la poesía de Antonio Machado'', Serrat comentó que él ''tan sólo'' siguió a compañeros como Paco Ibáñez, Raimon y Alberto Cortez.
Tanto en la laudatio del profesor Casares como en el discurso del rector, Antonio Machado (como Mario Benedetti, como Miguel Hernández) fue protagonista de la historia de Serrat, y el doctor honoris causa relató una de las grandes satisfacciones que le produjo su trabajo sobre el poeta de Soledades: "Fue cuando el Gremio de Editores de Madrid me envió una carta agradeciéndome que hubiera contribuido a que se movieran las ventas de Machado gracias, según ellos, a mis discos". Y recordó algo que había escrito en los años setenta Xavier Regàs, promotor teatral, padre de Rosa Regàs, que ayer estaba oyéndole: "Dijo que entonces un hombre culto era aquel que había oído hablar de Machado antes de que yo le hubiera puesto música".
"Hablo el idioma que me prohíben usar"
La contribución de Serrat a la normalización del catalán fue algo muy serio. Fue una de las razones que esgrimió la universidad para doctorarle, estuvo en los discursos de bienvenida y tuvo este párrafo en la lección del cantante: "El catalán ha estado en una situación difícil por aquellos que practicaron o practican la intolerancia y el rencor; para mí siempre fue normal, como que crezcan las uñas... Nunca pensé dejar de cantar en catalán; la lengua donde siempre me sentiré más cómodo es en aquella en que me prohíban cantar". Antonio Machín le ayudó a hacer esta metáfora: "Cómo se pueden querer dos idiomas a la vez y no estar loco".
Serrat reivindicó "la justicia y la libertad, porque alimentan la vida", y también "el realismo de soñar en un futuro donde la vida sea mejor y las relaciones más justas y positivas, y siempre en paz". Canta para expresarse, para defender la felicidad propia y para darla, aunque advirtió de que muchos de esos enamoramientos que ya duran décadas (¡o que no duran!) "no son culpa mía, sino de los atardeceres en que se escucharon mis canciones".
El director de la Complutense, Carlos Berzosa, definió a Serrat como una ''persona amable y generosa, que celebra la vida brindando por las pequeñas cosas''. ''Evoca -dijo- aquello que ama, lo que no quiere perder, sus sueños. Y cuando escribe canta las cosas sencillas: la naturaleza, el amor, la vejez, el sentido de la vida, los recuerdos, algunos nombres de mujer...''. "Serrat abraza con su canto a todo el universo, grandeza que le hace ser el más reconocido, no sólo por su popularidad, también por la hondura de su contenido con el que ha contribuido a moldear la percepción de sensaciones, nuestra vida emocional y nuestros sentimientos". ''Su inteligencia y naturalidad le han permitido plasmar en su obra la riqueza del bilingüismo'', resaltó el rector, Serrat "ha sobrepasado al área estricta de la lengua catalana, lengua que desde aquí reivindico como patrimonio común español y a la que debemos reconocer sus múltiples aportaciones culturales". ''El acceso de Joan Manel Serrat como poeta popular a la cátedra universitaria está más que justificado''.
Al acto asistieron el presidente del Congreso de los Diputados, Manuel Marín; la vicepresidenta, Carmen Chacón; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre (que estuvo un rato y luego se fue cuando hablaba desde el impresionante púlpito del paraninfo el doctor Serrat); los ministros de Educación y Ciencia, María Jesús San Segundo, e Industria, Jesús Montilla; y el ex presidente del Gobierno Felipe González.
Serrat estuvo además arropado por Sonsoles Espinosa, esposa de José Luis Rodríguez Zapatero, que estaba con Yuta Tiffón, la mujer de Serrat. Si uno recorría esas filas que le aplaudieron al llegar, al recibir los atributos de doctor y al irse estaría haciendo (como sugería Peridis) la geografía humana de una generación, con artistas e intelectuales como Ana Belén, Víctor Manuel, Rosa León, Manuel Vincent, Iñaqui Gabilondo, Caballero Bonald, Nicolás Redondo, Santiago Carrillo, Cristina del Valle, Eduardo Bautista, Forges, Almudena Grandes, Trinidad Jiménez, Inés Sabanés y Rosa Regás, entre otros. Y un hombre muy importante en la vida de Serrat, Ricard Miralles, que le ha ayudado a hacer, también en el escenario, gran parte de su música. Se sintió "anonadado; he viajado tanto con él, pero nunca lo había visto rodeado de tanta gente importante, por delante, por detrás..., él supongo que también estará anonadado".
A Serrat ayer, sólo le faltó cantar, pero tarareó, como todos, Aquellas pequeñas cosas: "Uno se cree que los mató el tiempo / y la ausencia, pero su tren / compró billete de idea y vuelta...".
'Maó', nuevo disco en catalán
Antes del solemne acto, Serrat reveló que está ultimando su más reciente disco, que se titulará Maó, nombre en catalán de la ciudad de Mahón, en la isla balear de Menorca, donde el cantante pasa largas temporadas.
El disco incluirá una canción llamada "Si hubiera nacido mujer", en la que el cantautor afirma que hay que ''luchar abiertamente contra la injusticia, bien sea por discriminación por sexo o por lo que sea'', y en la que Serrat se pregunta ''qué hubiera pasado si en vez de Juanito hubiera sido Juana''.
Un gran día
Había sonado de inicio, interpretado por el coro de la Complutense, el Veni Creador que cantan en las ceremonias de entronización del nuevo Papa. Terminó el acto con el Gaudeamus Igitur, el himno de los universitarios. “Alegrémonos, pues, mientras somos jóvenes”. Ya no tiene Joan Manuel vint anys. Ni hace vint anys que tinc vint anys. El tiempo transcurre veloz. Pero el doctor puede alegrarse porque sigue siendo joven. Salía ya el cortejo claustral. Resonaban aún las ovaciones. Un periodista segoviano, que estaba a mi lado, le gritó entonces a Joan Manuel: “!Visca la mare que et va parir. Visca Catalunya, Viva España!”. Volvieron los aplausos. Ayer fue para Serrat, ciertamente, “un gran día.” Reinó la concordia. Desapareció la crispación.

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No he sido nunca un entendedor de la música pues siempre fui un poco duro de oído.
Quizás seria por esto por lo que si fuí un apasionado de la canción. De niño me crié con la copla, cuyas letras si analizáis detenidamente seguro que encontráis controversia denuncia social y reivindicativa; a muchos de nuestros autores y cantantes a igual que Serrat les costó el exilio, en mi juventud llegaron los cantautores, y claro entre todos ellos Serrat.
No fue Serrat el único, recuerdo a Paco Ibáñez, Luís Llach, Aute, Violeta Parra, Víctor Jara, y muchos más; pero Serrat es cierto que tenia una cosa diferente, quizás fuesen su canciones de amor. Si, pienso que si, ese era el punto de Serrat.
Escucho sus canciones con asiduidad, pues es el único, del que tengo prácticamente toda su discográfica,
Con respecto a que lo hallan nombrado Doctor por la Universidad Complutense de Madrid, me parece muy importante, sobre todo por lo que representa, con respecto a una época, la cual considero que fueron los mejores años de mi vida, no solo por la juventud del momento, sino por lo rápido que transcurría toda, y la sensación de libertad que vivíamos, nada te retenía para reivindicar y combatir lo que no te gustaba y los sentimientos de colectividad siempre estaban por encima de los sentimientos individuales. Que os voy a decir que no sepáis compañeros.
Yo diría que si hay algo que me halla marcado mi vida, desde el punto de vista de la canción, ha sido estas dos épocas, las cuales no me arrepiento de cómo las viví.Comentario de Pepe Ripoll hace 3 años y 45 meses
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Siento disentir en algo contigo, Pepe. De los cantautores de la Transición, considero a Serrat de los mas light.
Andaba yo por los años 73 y 74, y ya los frailes de la Salle nos ponian las canciones de Serrat, las de Antonio Machado, golpe a golpe, verso a verso, para que las analizáramos.
En cambio, tuvieron que pasar unos años mas para poder escuchar a Paco Ibañez, y algunos mas, a traves de Radio France Internacional a las 12 de la noche, a escondidas. El motivo, pues el contenido de las canciones.
Serrat siempre se ha movido, al igual que Victor Manuel o Ana Belen, en el límite entre lo legal y lo ilegal, lo comercial y lo no comercial, a caballo entre vender discos y decir lo que a un inmenso colectivo en aquellos momentos quería escuchar.
Yo también soy un fans suyo. Fui a verlo en directo cuando vino a Almería la última vez y me gusta, pero no mezclemos, sin quitar méritos por supuesto, la canción reivindicativa de unos y la canción dulce, romantica del otro.
El supo estar, sin que lo echaran del todo, despreció el representar a España con el "La, la, la"; que hubiera sido el colmo de la horterada y cogió un estilo propio, cómodo, que le ha hecho inmortal. Algo es algo y él también puso su grano de arena.
!Quizas algun día se reconozca publicamente el merito que tuvieron en su dia los Pacos Ibañez, los Cantalapiedra. los Quilapayun, los Gente del Pueblo, las Rosa Montero, los Victor Jara, y tantos otros que se la jugaron y marcaron nuestra vida!Comentario de Juan hace 3 años y 45 meses
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Mi querido compañero Juan, yo si que comparto lo que tu dices, pero me gustaria que volvieses a leer mí comentario.
Creo que en ninguna parte contradice lo que tu dices, por lo que pienso, que has interpretado algo que, en el comentario no se dice. Es más creo que incluso hago referencia a otros cantautores.
¿Que tengo que interpretar? cuando tu comentas, que desprecio representar a España con el La, la, la; que hubiese sido el colmo de la horterada.
Tras aquel gesto en aquel momento, se escondia una denuncia, muy inportante y de mucho calado, como era la reinvidicación de la existencia de distintas culturas Española.
Quizas esto es lo que siempre ha hecho diferente a Serrat, con respecto a otros cantautores de la Nova Canso catalana, el siempre reclamo la cultura catalana para España.Comentario de Pepe Ripoll hace 3 años y 45 meses
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