¿Necesita Dios una radio?
Juan Antonio - 19-11-2005 01:41:12 | Categoria: Reflexiones
por Quintin García GonzalezSacerdote dominico, periodista y escritor

Llevo una temporada larga con problemas acusados de insomnio por despertar precoz. A tempranísima hora se me escapa el sueño reparador y me veo enchufado al vértigo laborioso de la consciencia. Me dicen que es la edad, que con los años el organismo necesita menos horas de sueño. Pues qué fastidio y qué desilusión, porque quiere decir que este insomnio que me amarga las amanecidas no tiene cura, como los años. Como no tienen cura tampoco otras desilusiones y desesperanzas mucho más graves. Verán: en uno de esos insomnios en los que la mente, entre perezosa y ávida, se ve asaltada por desvaríos y estados de ánimo temblorosos, decidí buscar asilo espiritual en la radio de los Obispos pensando que a esa hora tan monacal de los laudes encontraría un remanso de pensamientos espirituales y/o alabanzas divinas. Fatal equivocación: lo que había era una voz desgañitada que repartía latigazos y preveía catástrofes sin fin.
En vez de serenar mi espíritu, la voz alteró mi alma. Aunque despierto, a esas horas procuro mantener un nivel de actividad mental bajo. Pero ese día me fue imposible: se me despertaron todos los sentidos como si luces de emergencia y tenía que reprimir la tentación de vestirme y salir corriendo hacia Portugal -apenas a 130 kilómetros- para que las ruinas de España y de la civilización occidental y cristiana no me pillaran debajo. Además, confieso que aquel tono tronante y apocalíptico, y ese morbo que tienen siempre las descalificaciones personales y las condenas rotundas me mantenían cautivo, en tensión y pendiente de todo lo que aquella boca iba desgranando en materia económica, política, cultural, histórica, bolsística, deportiva y hasta climática, que también el clima y la sequía obedecían a una conjura manifiesta contra España y la civilización occidental y cristiana perpetrada por los enemigos de la patria. No faltó la crónica y crítica televisiva y periodística -todo es basura-; ni el espacio del corazón.
En vez de serenar mi espíritu, la voz alteró mi alma. Aunque despierto, a esas horas procuro mantener un nivel de actividad mental bajo. Pero ese día me fue imposible: se me despertaron todos los sentidos como si luces de emergencia y tenía que reprimir la tentación de vestirme y salir corriendo hacia Portugal -apenas a 130 kilómetros- para que las ruinas de España y de la civilización occidental y cristiana no me pillaran debajo. Además, confieso que aquel tono tronante y apocalíptico, y ese morbo que tienen siempre las descalificaciones personales y las condenas rotundas me mantenían cautivo, en tensión y pendiente de todo lo que aquella boca iba desgranando en materia económica, política, cultural, histórica, bolsística, deportiva y hasta climática, que también el clima y la sequía obedecían a una conjura manifiesta contra España y la civilización occidental y cristiana perpetrada por los enemigos de la patria. No faltó la crónica y crítica televisiva y periodística -todo es basura-; ni el espacio del corazón.
Llegó un momento, avanzados ya el alba y el tono jeremíaco, que me sentí realmente incómodo en aquella tensión porque, la verdad, yo no había ido a buscar ese producto radiofónico que se me estaba ofreciendo. Me decía: cambia el dial. Pero aguantaba: tú espera que ahora vendrá el enfoque espiritual propio y específico de esta Cadena que es la portavoz de una entidad religiosa. Ansiaba ahora más, en medio del vértigo mental en el que me había sumido aquella voz, escuchar algunas frases del Evangelio, testimonios de cristianos heroicos que alimentaran mi esperanza ya alicaída, o algo de canto gregoriano al menos. Pero allí seguía puro y duro, sin ningún planteamiento moral o evangélico, un mensaje económico ultraliberal -respetable como opinión particular-, una interpretación ultraconservadora de la historia -respetable-, un enfoque parcial de cuestiones culturales -perfectamente respetable, cada uno tenemos nuestras visiones-, una defensa partidista de siglas y personajes políticos -igualmente respetable a nivel personal, no eclesial, cada uno tenemos nuestras ideas-, una identificación afectiva con un equipo de fútbol determinado -como todos-, un ataque personal despiadado a otros profesionales de los medios -no respetable- y hasta unos juicios climáticos acordes con sus tonos catastrofistas.
Molesto por el nivel excesivo de consciencia al que me había obligado aquella voz con sus estridencias; decepcionado como consumidor de radio por no encontrar a esas horas aún vírgenes lo que la etiqueta del producto radiofónico me indicaba, me dejé invadir por preguntas y preguntas que se me amontonaban en la lengua. Y por alguna conclusión. Como ésta: esa voz tiene todo el derecho del mundo a expresar las ideas económicas, políticas, sociales, históricas, culturales, lingüísticas, climáticas, bolsísticas, periodísticas, deportivas, que quiera. Y sus fobias y filias. Y sus exageraciones y deformaciones, como hacemos los demás también. Incluso a ese tono montaraz, lleno de navajazos; allá él con su conciencia personal, con su ética profesional o con los tribunales.
Pero -y he aquí las preguntas- si la Cope es la voz pública de la Iglesia católica; si es la radio de los curas, como dice la gente; si es la radio de los Obispos, entonces ¿los juicios económicos, políticos, históricos, culturales, deportivos, climáticos vertidos expresan la opinión de los creyentes católicos, de los curas católicos, de los obispos católicos sobre esas materias? ¿Acaso pensamos todos igual? Más: ¿es que como católicos hay una valoración común sobre esos temas? ¿En base a qué? La perplejidad y el desasosiego subieron de tono cuando se me apareció en mitad de la mente la pregunta clave: si la Cope dice interesadamente que es la voz de fieles, curas y obispos católicos, ¿será también la voz de Dios? ¿Necesita Dios una radio? ¿Será Dios ultraconservador en economía, política, en interpretación de la historia, en asuntos patrióticos y nacionalistas? ¿Es Dios del Madrid y contrario al Barcelona y otros? ¿Las predicciones de Bolsa tendrán el auxilio milagrero de algún santo último cuyas andanzas terrenales fueron aficionadas a las finanzas? Cuando el portavoz defiende a un partido y a unos políticos frente al resto, ¿hay que entender que volvemos a la vieja y antievangélica práctica de los partidos confesionales, tan equívocos, y la prensa católica, tan cautiva? ¿Es el católico libre de elegir las mediaciones políticas, económicas, culturales que crea en conciencia más acordes con el mensaje evangélico, o sólo los portavoces eclesiásticos y radiofónicos tienen esa libertad? ¿Tendrá algo que ver todo esto con el aumento acelerado de cristianos sin Iglesia? Embalado como estaba, aún ascendía el nivel de mis preguntas: ¿dónde iremos a parar los fieles, curas y obispos -¿los hay?- que no tenemos idearios ultraconservadores a pesar de tantas imposiciones?: ¿al infierno?, ¿al limbo? (que quizá hay que reinventar para los que sigan aceptando la doctrina del Vaticano II sobre la autonomía de las realidades temporales). Cuando el portavoz radiofónico insulta, desprecia, se mofa, ¿hay que entenderlo como un imperativo del mandato evangélico del amor al prójimo o es fruto del seguimiento de aquel gesto del Señor Jesús cuando cogió un látigo y fustigó a quienes habían convertido el templo en una cueva de ladrones y traficantes de dineros, doctrinas interesadas, negocios a costa del pueblo, privilegios, influencias y poderes?
En buen berenjenal me había metido el insomnio: cuando me levantara, a las tareas normales del día tendría que añadir el consultar a las autoridades competentes -eclesiásticas, por supuesto- esa batería de preguntas. ¡Qué ruina! Pero no acabó ahí mi aventura radiofónica mañanera. De la decepción por elengaño y manipulación de la etiqueta del producto radiofónico Cope; de la tensión por haber sido arrastrado a un ritmo mental inapropiado a esa hora; de una cierta vergüenza por haberme dejado embaucar por el morbo del insulto personal y el simplismo de juicios -el que no está conmigo está contra Dios, la patria, los católicos-, pasé directamente a la indignación y hasta a la rabia cuando al portavoz le tocó el turno de hablar de los "subsaja" (sic), como antes los "sudaca", a los que llamó delincuentes por atentar contra la soberanía española. Dijo más: ésos que pueden viajar hasta ahí no son pobres, los moros -Marruecos- usan a los negros para conquistar las ciudades cristianas y españolas de Ceuta y Melilla, la Europa cristiana no puede dejar entrar a esos millones de musulmanes, el Gobierno y la policía y el Ejército son unos blandengues en la represión, etcétera. ¡No daba crédito a mis oídos: la pobreza del mundo reducida a una cuestión de nacionalismos y credos! Esa pobre gente, empujada por el hambre y las condiciones de vida inhumanas e injustas en sus países de origen, fruto de un sistema económico y de valores absolutamente perverso -precisamente porque produce esas situaciones-, sólo merecía del portavoz eclesiástico un análisis simplón de corte ultranacionalista, xenófobo y racista. ¡Ni una palabra de misericordia, ni una lágrima, ni un sentimiento hacia esos hombres y mujeres crucificados en una valla de cuchillos, y antes en las condiciones de vida de sus países, y antes en las leyes del comercio internacional y las relaciones de poder antiguas y nuevas, y después en la desolación y abandono de los desiertos africanos! Ni una condena -ahora sí, por motivos humanitarios y evangélicos- al Gobierno socialista por practicar y colaborar en la represión inhumana e ilegal de esos emigrantes y en el sistema económico y político global que los genera, por violar derechos humanos. Ahora no me surgieron preguntas y perplejidades sobre lo que piensan los fieles, curas y obispos, que también hay de todo. Tenía claro por haber leído y recordado muchas veces el testamento del Señor Jesús, el único que fundamenta mi fe: "Lo que hicisteis con uno de mis pequeños hermanos, conmigo lo hicisteis... Venid, benditos, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed, estuve en la cárcel, enfermo..., fui robado y arrojado a la orilla del camino de la historia... y fuisteis prójimos míos...". ¡Tanta radio católica para acabar riéndose de los pobres!
Definitivamente el portavoz eclesiástico me había puesto de mal humor. Y desde la cama, con la luz aún incierta y sonrosada, empecé a gritarle ingenuamente, como si me fuera a escuchar: usted y su grupo de comunicación y los jerarcas eclesiásticos que les sustentan -en viaje de regreso hacia el nacionalcatolicismo- tienen todo el derecho del mundo a tener sus opiniones. Yo las respeto, como pido respeto para las mías. Pero no digan que sus opiniones son las de los católicos españoles. Es mentira. Yo soy católico, y a mí sus opiniones y sus insultos no me representan. Ni a otros muchos que empiezo a oír en la calle o en los medios. Ni pueden representar a una comunidad que, en cuanto tal, ha de tener convicciones evangélicas, no intereses. Dice la gente que son ustedes la radio de los curas. Mentira. Yo soy cura y no necesito, como otros muchos -bien es verdad que otros sí, ¡pluralidad!-, una radio comercial para mis tareas. Ni la Iglesia española necesita para ser testigo del maestro Jesús de Nazaret un instrumento comercial que le ha exigido ya -recuerdo la dictadura-, le exige hoy y le seguirá exigiendo unos costes y servidumbres empresariales -cuántos conflictos y resquemores laborales-, comerciales -financiación por entidades de claro comportamiento injusto-, unos maridajes partidistas que la hacen inservible para los objetivos que teóricamente dice perseguir. Hay otras fórmulas de radio no comercial que se ajustan técnicamente mejor al objetivo de servicio, no de competencia ni confrontación por tartas publicitarias y lucha por audiencias cautivas y votos que sólo los dan los contenidos políticos. La fórmula de Cope radio comercial es un arma de presión social y política heredada de la época de los privilegios omnívoros para seguir defendiéndolos, es un instrumento sociopolítico que maneja a su beneficio un solo sector de los obispos, de los curas, de los católicos, de los grupos de comunicación; es una confusión de planos y de mentes, una ocasión de peleas estériles hacia dentro y hacia fuera. Lo pienso ahora que se ha incendiado el tema y lo pensaba hace años cuando estudiando periodismo me ofrecieron puestos en una emisora. Y que conste que lo grito por desahogo moral, no porque albergue esperanza alguna ni de curar el insomnio que me reprodujo este vértigo de fastidios, perplejidades y rabias, ni de que los sectores ultraconservadores de la Iglesia suelten su presa. Así que sólo me queda un consuelo: hacer objeción de conciencia al portavoz eclesiástico, desobedecerle y brindar con Freixenet en Navidad. Se puede, ¿no? ¿O es pecado?
Artículo publicado en el diario El País el pasado día 9 de Noviembre.
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Otro artículo del autor sobre el matrimonio homosexual: ¿Y quién es mi prójimo?
Molesto por el nivel excesivo de consciencia al que me había obligado aquella voz con sus estridencias; decepcionado como consumidor de radio por no encontrar a esas horas aún vírgenes lo que la etiqueta del producto radiofónico me indicaba, me dejé invadir por preguntas y preguntas que se me amontonaban en la lengua. Y por alguna conclusión. Como ésta: esa voz tiene todo el derecho del mundo a expresar las ideas económicas, políticas, sociales, históricas, culturales, lingüísticas, climáticas, bolsísticas, periodísticas, deportivas, que quiera. Y sus fobias y filias. Y sus exageraciones y deformaciones, como hacemos los demás también. Incluso a ese tono montaraz, lleno de navajazos; allá él con su conciencia personal, con su ética profesional o con los tribunales.
Pero -y he aquí las preguntas- si la Cope es la voz pública de la Iglesia católica; si es la radio de los curas, como dice la gente; si es la radio de los Obispos, entonces ¿los juicios económicos, políticos, históricos, culturales, deportivos, climáticos vertidos expresan la opinión de los creyentes católicos, de los curas católicos, de los obispos católicos sobre esas materias? ¿Acaso pensamos todos igual? Más: ¿es que como católicos hay una valoración común sobre esos temas? ¿En base a qué? La perplejidad y el desasosiego subieron de tono cuando se me apareció en mitad de la mente la pregunta clave: si la Cope dice interesadamente que es la voz de fieles, curas y obispos católicos, ¿será también la voz de Dios? ¿Necesita Dios una radio? ¿Será Dios ultraconservador en economía, política, en interpretación de la historia, en asuntos patrióticos y nacionalistas? ¿Es Dios del Madrid y contrario al Barcelona y otros? ¿Las predicciones de Bolsa tendrán el auxilio milagrero de algún santo último cuyas andanzas terrenales fueron aficionadas a las finanzas? Cuando el portavoz defiende a un partido y a unos políticos frente al resto, ¿hay que entender que volvemos a la vieja y antievangélica práctica de los partidos confesionales, tan equívocos, y la prensa católica, tan cautiva? ¿Es el católico libre de elegir las mediaciones políticas, económicas, culturales que crea en conciencia más acordes con el mensaje evangélico, o sólo los portavoces eclesiásticos y radiofónicos tienen esa libertad? ¿Tendrá algo que ver todo esto con el aumento acelerado de cristianos sin Iglesia? Embalado como estaba, aún ascendía el nivel de mis preguntas: ¿dónde iremos a parar los fieles, curas y obispos -¿los hay?- que no tenemos idearios ultraconservadores a pesar de tantas imposiciones?: ¿al infierno?, ¿al limbo? (que quizá hay que reinventar para los que sigan aceptando la doctrina del Vaticano II sobre la autonomía de las realidades temporales). Cuando el portavoz radiofónico insulta, desprecia, se mofa, ¿hay que entenderlo como un imperativo del mandato evangélico del amor al prójimo o es fruto del seguimiento de aquel gesto del Señor Jesús cuando cogió un látigo y fustigó a quienes habían convertido el templo en una cueva de ladrones y traficantes de dineros, doctrinas interesadas, negocios a costa del pueblo, privilegios, influencias y poderes?
En buen berenjenal me había metido el insomnio: cuando me levantara, a las tareas normales del día tendría que añadir el consultar a las autoridades competentes -eclesiásticas, por supuesto- esa batería de preguntas. ¡Qué ruina! Pero no acabó ahí mi aventura radiofónica mañanera. De la decepción por elengaño y manipulación de la etiqueta del producto radiofónico Cope; de la tensión por haber sido arrastrado a un ritmo mental inapropiado a esa hora; de una cierta vergüenza por haberme dejado embaucar por el morbo del insulto personal y el simplismo de juicios -el que no está conmigo está contra Dios, la patria, los católicos-, pasé directamente a la indignación y hasta a la rabia cuando al portavoz le tocó el turno de hablar de los "subsaja" (sic), como antes los "sudaca", a los que llamó delincuentes por atentar contra la soberanía española. Dijo más: ésos que pueden viajar hasta ahí no son pobres, los moros -Marruecos- usan a los negros para conquistar las ciudades cristianas y españolas de Ceuta y Melilla, la Europa cristiana no puede dejar entrar a esos millones de musulmanes, el Gobierno y la policía y el Ejército son unos blandengues en la represión, etcétera. ¡No daba crédito a mis oídos: la pobreza del mundo reducida a una cuestión de nacionalismos y credos! Esa pobre gente, empujada por el hambre y las condiciones de vida inhumanas e injustas en sus países de origen, fruto de un sistema económico y de valores absolutamente perverso -precisamente porque produce esas situaciones-, sólo merecía del portavoz eclesiástico un análisis simplón de corte ultranacionalista, xenófobo y racista. ¡Ni una palabra de misericordia, ni una lágrima, ni un sentimiento hacia esos hombres y mujeres crucificados en una valla de cuchillos, y antes en las condiciones de vida de sus países, y antes en las leyes del comercio internacional y las relaciones de poder antiguas y nuevas, y después en la desolación y abandono de los desiertos africanos! Ni una condena -ahora sí, por motivos humanitarios y evangélicos- al Gobierno socialista por practicar y colaborar en la represión inhumana e ilegal de esos emigrantes y en el sistema económico y político global que los genera, por violar derechos humanos. Ahora no me surgieron preguntas y perplejidades sobre lo que piensan los fieles, curas y obispos, que también hay de todo. Tenía claro por haber leído y recordado muchas veces el testamento del Señor Jesús, el único que fundamenta mi fe: "Lo que hicisteis con uno de mis pequeños hermanos, conmigo lo hicisteis... Venid, benditos, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed, estuve en la cárcel, enfermo..., fui robado y arrojado a la orilla del camino de la historia... y fuisteis prójimos míos...". ¡Tanta radio católica para acabar riéndose de los pobres!
Definitivamente el portavoz eclesiástico me había puesto de mal humor. Y desde la cama, con la luz aún incierta y sonrosada, empecé a gritarle ingenuamente, como si me fuera a escuchar: usted y su grupo de comunicación y los jerarcas eclesiásticos que les sustentan -en viaje de regreso hacia el nacionalcatolicismo- tienen todo el derecho del mundo a tener sus opiniones. Yo las respeto, como pido respeto para las mías. Pero no digan que sus opiniones son las de los católicos españoles. Es mentira. Yo soy católico, y a mí sus opiniones y sus insultos no me representan. Ni a otros muchos que empiezo a oír en la calle o en los medios. Ni pueden representar a una comunidad que, en cuanto tal, ha de tener convicciones evangélicas, no intereses. Dice la gente que son ustedes la radio de los curas. Mentira. Yo soy cura y no necesito, como otros muchos -bien es verdad que otros sí, ¡pluralidad!-, una radio comercial para mis tareas. Ni la Iglesia española necesita para ser testigo del maestro Jesús de Nazaret un instrumento comercial que le ha exigido ya -recuerdo la dictadura-, le exige hoy y le seguirá exigiendo unos costes y servidumbres empresariales -cuántos conflictos y resquemores laborales-, comerciales -financiación por entidades de claro comportamiento injusto-, unos maridajes partidistas que la hacen inservible para los objetivos que teóricamente dice perseguir. Hay otras fórmulas de radio no comercial que se ajustan técnicamente mejor al objetivo de servicio, no de competencia ni confrontación por tartas publicitarias y lucha por audiencias cautivas y votos que sólo los dan los contenidos políticos. La fórmula de Cope radio comercial es un arma de presión social y política heredada de la época de los privilegios omnívoros para seguir defendiéndolos, es un instrumento sociopolítico que maneja a su beneficio un solo sector de los obispos, de los curas, de los católicos, de los grupos de comunicación; es una confusión de planos y de mentes, una ocasión de peleas estériles hacia dentro y hacia fuera. Lo pienso ahora que se ha incendiado el tema y lo pensaba hace años cuando estudiando periodismo me ofrecieron puestos en una emisora. Y que conste que lo grito por desahogo moral, no porque albergue esperanza alguna ni de curar el insomnio que me reprodujo este vértigo de fastidios, perplejidades y rabias, ni de que los sectores ultraconservadores de la Iglesia suelten su presa. Así que sólo me queda un consuelo: hacer objeción de conciencia al portavoz eclesiástico, desobedecerle y brindar con Freixenet en Navidad. Se puede, ¿no? ¿O es pecado?
Artículo publicado en el diario El País el pasado día 9 de Noviembre.
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Al leer el artículo, me he ratificado en la idea que tengo sobre la COPE y al mismo tiempo sobre la Iglesia en general. La Iglesia tiene un problema interno que debe de resolver. Podemos decir que la Iglesia tiene dos caras, por un lado la parte Jerárquica, y por otro lado los que yo llamaría seguidores de Jesús.
De los primeros no tengo opinión ninguna, pues para mí merecen el mayor de los desprecios. A los segundos si me voy a permitir criticarlos, mi crítica va en el sentido de que no pueden estar dentro de una organización, donde su cúpula dirigente, practica sistemáticamente la doble moral, ademas sin ninguna estrategia para conseguir cambiar esta dinámica, esto me induce a pensar que se puede estar más en clave de compromiso de salvación personal, que en compromiso social. Y llegar a perder la conciencia colectiva.
Cuando uno quiere mantener unos determinados princios, una determinada moral y una determinada ideologia, no se pude militar en una Organización qu no cumple con ellos, y si se milita es para cambiarla. Y en la Iglesia no veo ningun moviento para acabar con los desperciables de la doble moral.Comentario de Pepe Ripoll hace 4 años y 49 meses
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Joder con Pepe, y yo que queria proponerte ir de vacaciones el año que viene a visitar el Vaticano.
De los seguidores de Jesús tengo que decirte que hay, al menos, de dos clases, los que van buscando su salvación personal y no hacen nada por el que está a su alrededor (incumpliendo con ello la doctrina cristiana) que me merecen el mismo desprecio que sus superiores jerárquicos y los otros, los menos, que hay que entenderlos, pues aparte de buscar su salvación, se entregan a ayudar a los demás: necesitados, ancianos, enfermos, ... cubriendo un espacio al que la sociedad y sus organismos públicos descuidan o abandonan dejandolo en manos de ellos.
Estas personas que colectivamente tienen un mérito, no les pidas que peleen por cambiar su organización interna, pues es tal su grado de cegación y entrega que no detectan la falsedad que hay dirigiendolos, incluso llegan a protegerlos bajo la simple excusa de que su papel es el de ayudar solo a la obra de Dios, pero no enfrentarse a ella rompiendola.
No entiendo el porqué, quizas por una debilidad propia del ser humano, pero todas las culturas y en todas las epocas de la historia, los pueblos han buscado en la religion un apoyo y una justificación de su existencia, que no tendría nada de malo si no fuera porque siempre han aparecido sinverguenzas que se han aprovechado de esta debilidad y la han explotado para su beneficio y para el politicio que ha visto una fuente inagotable de supervivencia en ella.
Dice una cancioncita: "Ni en Dios, ni en reyes, ni tribuno está el supremo salvador....."Comentario de Juan hace 4 años y 49 meses
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La Iglesia católica debería estudiarse en Económicas y no en religión ya que es la única empresa que ha sido capaz de sobrevivir 2000 años sin el menor altibajo. Y todo eso sin huelgas, sin sindicatos y con una descarada discriminación a la mujer.
Las decisiones de la dirección ejecutiva son inamovibles, no se discuten, sus trabajadores apenas poseen derechos, y además, no tienen el menor remordimiento en enriquecerse a costa del contribuyente bajo el amparo del magistral slogan "hay que dar sin esperar recibir".
Yo no distingo entre católicos que ayudan al prójimo -una estrecha minoría- y los que no, sólo hay gente solidaria y gente que no lo es, la religión que tengan o no esas personas es otro tema.
La clave de esa ceguera tan generalizada, puede ser la que nos da la maravillosa película y mejor libro "El nombre de la Rosa":
"La risa es peligrosa porque combate el miedo, y sin miedo no hay religión..." Pues bien, a reir todos.
Pero de la Iglesia no se ríe nadie, porque ser católico lamentablemente, no es ser militante de una organización, sino formar parte de una relación basada en el chantaje del miedo y la exigencia de la adoración sin condiciones. Un miedo a algo de lo que no es posible demostrar su existencia, pero claro, tampoco lo contrario. Así que ante la duda ahí andamos todos tras la Ley del Porsiacaso.
En estas tristes ciscunstancias decidme quién va a protestar o cuestionar nada.
Ese es en mi opinión el secreto de su éxito y la clave de su permanencia.Comentario de Ruth hace 4 años y 49 meses
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Yo como siempre voy a dar una visión que tiene cierto aire a quimera.
Ruth estoy de acuerdo contigo e muchas cosas de las que dices pero pienso que también tiene hay una discriminación al Hombre, sí sí al hombre. Pienso que una institución que tiene más de 2000 años es hora de que e modernice ya que creo que no se puede mantener con ideas de hace tantos años.
Mi pregunta es la siguiente: ¿Qué problema hay que haya un cura Homosexual o Gay?,¿Qué problema hay que dos hombre o dos mujeres se casen?.
Quiero poner algo que he encontrado al leer los 10 mandamientos, algo que no tiene desperdicio y creo que esta acorde con lo que estaba diciendo de que se tiene que renovar ya que no cre que se puedan decir estas cosas a estas alturas de la vida:
Masturbación: "La excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener un placer venéreo". "Es un acto intrínseca y gravemente desordenado" porque contradice la finalidad de la facultad sexual. La culpabilidad moral puede ser mitigada por razones como: inmadurez afectiva, hábitos, factores psíquicos o sociales
Homosexualidad: "Las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo" CIC #2357. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. La Sagrada Escritura las presenta como depravaciones graves. Gn 19, 1-29; Rm 1,24-27; 1 Co 6,10; 1 Tm 1,10). La Tradición ha declarado siempre que "los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados" (CDF, decl. "Persona humana" 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementaridad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso. Algunos tienen tendencias homosexuales que no han escogido y que son para ellos una prueba. Estas personas, si son cristianas, están llamadas a unir sus dificultades al sacrificio de la cruz. A practicar la castidad en continencia y al dominio de si, como todos los no casados. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza.
el anticoncepcionismo impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es decir, el de no darse al otro totalmente: se produce no solo el rechazo positivo de la apertura a la vida, sino también una falsificación de la verdad interior del amor conyugal, llamado a entregarse en plenitud personal".
Divorcio
Jesús enseña que la intención original del Creador es el matrimonio indisoluble cf. Mt 5, 31-32; 19; 3-9; Mc 10,9; Lc 16,18; 1 Co 7, 10-11. Entre católicos, el matrimonio no puede ser disuelto sino por la muerte.
El divorcio es inmoral porque:Es una ofensa grave a la ley natural. Atenta contra el compromiso de por vida. Atenta contra la Alianza de salvación, de la cual el matrimonio sacramental es un signo.
Bueno y ya paré porque me estaba deprimiendo con todo lo que leia. No creía yo que estaba en tan desacuerdo que la Institución.
Si estoy en desacuerdo con alguno de esos puntos ¿YA NO SOY CATÓLICO?
Todo esta ha sido sacado de la página:
Texto
Comentario de Bokeron hace 4 años y 49 meses
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Las sensaciones que se relatan en el artículo son compartidas por mí, cuando oía la Cope terminaba con dolor de estómago, debía ser como el dolor que relatan quienes tienen una ulcera. Hace tiempo, dejé de creer en la iglesia, también en los curas que dirigen colegios para ganar dinero y adoctrinar a su gente. Curas que dominan bancos y cajas de ahorro con seguros de vida millonarios... será por si les falla lo de la resurrección.
Comentario de Pedro hace 4 años y 49 meses
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Muy probablemente "este animal", lo digo por el seudónimo, sea de los más mayores que escriben en esta página, y eso escuece.
Además compruebas que, por serlo, no eres ni más sabios, ni cometes menos errores, pero sí te vas cuestionando verdades absolutas y dándote cuenta de la relatividad de todo en esta vida; y sobre todo, como ya sean los medios de comunicación, partidos políticos, sindicatos, iglesias y hasta amigos, tratan todos de llevarte al huerto, mejor dicho a su huerto.
Desgraciadamente uno descubre, con los años, que pertenecer a cualquiera de estas organizaciones con animo de lucro no te benefician en nada; entregas mucho, sobretodo sentimientos, traducidos en ilusiones de querer hacer un mundo mejor, luchas codo a codo con los desheredados, hasta que estos dejan de serlo y se pasan al otro lado de la calle.
Después cuando se cruzan contigo, miran para otro lado, es por eso, que uno procura estar de un "cerca tan lejos" que todas estas cosa no te hagan mucho daño, aunque resulte imposible.
Uno decide con los años no creer en nada y menos en ese invento mercantil de "los tres en uno", ni en arriba y abajo, ni en buenos ni malos ...; ni siquiera en estos curas protestones.
Uno decide ver y oír poca televisión y radio, y menos si es la COPE, y cambiarlos por dar grandes paseos, y la prensa por leer un libro.
Uno no cree en nadie que, sigue estando pensando diferente, o en cambiar las cosas, desde dentro.
... Uno sencillamente se va
Y sobre todo, uno decide no creer ni en DIOS.
Quizás esta sea la única conclusión inteligente a la que he llegado con los años.Comentario de Cai Man hace 4 años y 49 meses
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Este "animal" es de los más jovenes que hay en el foro y pienso que creo, creo en esos valores que "algunos" dicen que los jóvenes ya no tenemos, esos valores de la amistad hasta extremos que casi nadie suele llegar, los valores de la familia siempre respetando y sabiendo oir a los mayores, los valores del amor respetando a tu pareja y a todo lo que a ella le rodea, y así un largo etcétera, y todo ello siempre desde mi juventud, exactamente 20 años. Con respecto a la Iglesia creo en la Iglesia, en algunos de sus valores y en mi Semana Santa pero en poco más.
UN SALUDO DE ESTE ANIMAL JOVEN.
PEZqueñines No GraciasComentario de Bokeron hace 4 años y 49 meses
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