La necesidad de ser radicales
Juan Antonio - 10-10-2005 18:28:38 | Categoria: Reflexiones
por Jorge López AveColectivo Cádiz Rebelde

Los tiempos son los que son, y la ofensiva del neoliberalismo exterminador también afecta a la interpretación del lenguaje.
Cómo explicar si no que la palabra radical, que tiene sus orígenes etimológicos en algo tan exigente como ir a la raíz de las cosas, tenga en los hacedores de opinión pública el componente despreciativo que tiene. Es algo así como el mundo al revés.
En política, ser radical es sinónimo de ultraizquierdista, de demagogo, de aislado, de pasado de moda, de subversivo, de ultramontano, o incluso de terrorista. Sin embargo, si utilizáramos por un momento la figura dialéctica de Hegel, y buscáramos algo que oponer a la tesis de "radical", deberíamos hablar de superficial. Pero no parece ser éste el caso, puesto que el juego lingüístico de esos mismos muñidores de ideas, nos lleva a oponer al término radical, palabras definitivas como moderación, consenso, madurez, respeto, o en un alarde de humor gratuito, incluso democracia, libertad, paz y sensatez.
Así pues, los que osan intentar saber de las cosas, más allá de los escaparates que se les presentan, como mera solución dogmática e irreversible a un mundo, por demás injusto e insufrible para millones, pueden caer en el triste pozo del radicalismo, y desde ahí escucharán una voz celestial que les recordará el pecado de haberse alejado del sentido común.
Nada de esto debiera disuadirnos para buscar la razón de las cosas, de observar el recorrido de tal o cual situación, de tirar del hilo para descubrir de dónde viene o nació el problema. No es casual que los que esconden los orígenes de los males con alharacas, poses aprendidas en alguna escuela de diseño y marketing, o simplemente con mentiras descalificantes, utilizando para ello la táctica del calamar, su misión fundamental para distraer sobre sus prácticas, sea que nadie se atreva a ir más allá de los titulares, de las frases hechas... En pocas palabras, que no se busque detrás de las verdades absolutas, casi siempre hijas de los intereses más espurios.
Decíamos que los tiempos son los que son y se necesita afrontarlos sin medias tintas, sin salidas individuales que luego urjan justificar con alguna frase nacida de la rendición social y el cansancio heroico.
Es necesario ser radicales, de ser radicales y acarrear con ello todos los sinónimos que nos escatiman pero que pertenecen a esa palabra tan hermosa; esto es, perseverancia, humanismo o generosidad.
Cómo explicar si no que la palabra radical, que tiene sus orígenes etimológicos en algo tan exigente como ir a la raíz de las cosas, tenga en los hacedores de opinión pública el componente despreciativo que tiene. Es algo así como el mundo al revés.
En política, ser radical es sinónimo de ultraizquierdista, de demagogo, de aislado, de pasado de moda, de subversivo, de ultramontano, o incluso de terrorista. Sin embargo, si utilizáramos por un momento la figura dialéctica de Hegel, y buscáramos algo que oponer a la tesis de "radical", deberíamos hablar de superficial. Pero no parece ser éste el caso, puesto que el juego lingüístico de esos mismos muñidores de ideas, nos lleva a oponer al término radical, palabras definitivas como moderación, consenso, madurez, respeto, o en un alarde de humor gratuito, incluso democracia, libertad, paz y sensatez.
Así pues, los que osan intentar saber de las cosas, más allá de los escaparates que se les presentan, como mera solución dogmática e irreversible a un mundo, por demás injusto e insufrible para millones, pueden caer en el triste pozo del radicalismo, y desde ahí escucharán una voz celestial que les recordará el pecado de haberse alejado del sentido común.
Nada de esto debiera disuadirnos para buscar la razón de las cosas, de observar el recorrido de tal o cual situación, de tirar del hilo para descubrir de dónde viene o nació el problema. No es casual que los que esconden los orígenes de los males con alharacas, poses aprendidas en alguna escuela de diseño y marketing, o simplemente con mentiras descalificantes, utilizando para ello la táctica del calamar, su misión fundamental para distraer sobre sus prácticas, sea que nadie se atreva a ir más allá de los titulares, de las frases hechas... En pocas palabras, que no se busque detrás de las verdades absolutas, casi siempre hijas de los intereses más espurios.
Decíamos que los tiempos son los que son y se necesita afrontarlos sin medias tintas, sin salidas individuales que luego urjan justificar con alguna frase nacida de la rendición social y el cansancio heroico.
Es necesario ser radicales, de ser radicales y acarrear con ello todos los sinónimos que nos escatiman pero que pertenecen a esa palabra tan hermosa; esto es, perseverancia, humanismo o generosidad.
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De la lectura de esta anotación, me he vuelto a replantear algunas cuestiones que siempre han sido una constante en mis reflexiones.
En una Anotación anterior, con motivo de la situación que se está viviendo en Ceuta y Melilla, (por cierto, que si mandáis la carta de protesta de Amnistía Internacional os mandaran un correo de Presidencia del Gobierno, en el que os dan explicaciones) y ante la actuación del Gobierno de ZP comenté que me habían mandado al sitio de donde no debí de salir, ¡¡la intolerancia de mí juventud!!; pues bien, esta es la clave, intolerancia.
No podemos seguir debatiendo entre la razón y lo razonable. Como bien dice Teresa en un comentario hecho en Cómplices, hay que movilizarse, porque si no nos movilizamos, es cierto que nos podemos convertir en cómplices.Comentario de Pepe Ripoll hace 4 años y 50 meses
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