La Otra Mirada
Juan Antonio - 27-06-2005 01:47:29 | Categoria: Reflexiones

Clases de religión
Antonio Cañizares, vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española, acaba de reclamar a la ministra de Educación y Ciencia, María Jesús San Segundo, que la asignatura de Religión sea “equiparada a disciplina fundamental”.
A pesar de mis escasas coincidencias con el clero, estoy parcialmente de acuerdo con el arzobispo de Toledo, pues hacer desaparecer de la enseñanza de nuestros jóvenes materias humanísticas como la historia, la literatura, la filosofía o la religión sería algo así como acabar claudicando ante quienes cantan las excelencias de una sociedad tecnócrata, donde el poder de reflexión y razonamiento individual sea sustituido por una especie de conciencia colectiva, por un pensamiento único dominado por los señores de la memoria ram y la realidad virtual.
A pesar de mis escasas coincidencias con el clero, estoy parcialmente de acuerdo con el arzobispo de Toledo, pues hacer desaparecer de la enseñanza de nuestros jóvenes materias humanísticas como la historia, la literatura, la filosofía o la religión sería algo así como acabar claudicando ante quienes cantan las excelencias de una sociedad tecnócrata, donde el poder de reflexión y razonamiento individual sea sustituido por una especie de conciencia colectiva, por un pensamiento único dominado por los señores de la memoria ram y la realidad virtual.
Las primeras citas de la historia sagrada me llevaron hasta un idílico jardín, regado por el río Eúfrates, que derivó (dada mi inquietud) en el conocimiento de la geografía mesopotámica, que se extendió a las riberas del Mediterráneo y al mundo pre-helénico. De la mano de Moisés conocí e indagué en la apasionante mundo del Egipto faraónico, para adentrarme en los imperios babilónicos, asirios, medos o persas. Nombres como los de Jerjes, Ciro, Asurbanipal o Nabucodonosor (a quien el joven profeta Daniel interpretó sus sueños) se presentaron ante mis ojos como un laberinto que ofrecía cada vez más posibilidades de profundizar en el conocimiento humanístico. La religión me llevó a leer uno de los más maravillosos libros de poesía que existen: el Cantar de los Cantares de un tal Salomón, donde el amante canta a la sulamita aquellos inmortales versos “ponme como un sello sobre tu corazón / como una marca sobre tu brazo; / porque fuerte es como la muerte el amor”. Desfilaban ante mí las tropas de Alejandro Magno frente al gran Dario, a la vez que la historia discurría presurosa para llevarme a los tiempos de Augusto César, el emperador que promulgaría el edicto de empadronamiento de Palestina, acontecimiento que llevó a los padres de Jesús a desplazarse desde Galilea a Belén, donde nacería el hombre que conmovió los cimientos de las religiones occidentales (y algunas orientales).
Reconozco que mucho, muchísimo, de cuanto hoy conozco se lo debo a aquella asignatura de religión; o quizá a aquellos religiosos que pusieron en mí la esencia de la inquietud. Nunca intentaron catequizarme, sino transmitirme, desde la libertad, su fe y el conocimiento del mundo que me rodeaba. Ellos entendieron el verdadero significado de la enseñanza de la religión; la evangelización la dejaban para las parroquias. Antonio Cañizares, y otros muchos, confunden los términos.
Reconozco que mucho, muchísimo, de cuanto hoy conozco se lo debo a aquella asignatura de religión; o quizá a aquellos religiosos que pusieron en mí la esencia de la inquietud. Nunca intentaron catequizarme, sino transmitirme, desde la libertad, su fe y el conocimiento del mundo que me rodeaba. Ellos entendieron el verdadero significado de la enseñanza de la religión; la evangelización la dejaban para las parroquias. Antonio Cañizares, y otros muchos, confunden los términos.
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Me gusta aprender a ser cada día mejor y mi amigo Goyo me hace pensar, por eso, lo quiero de esa manera que nos impide sentirnos solos.
Decía Goethe: Los Dioses suelen maltratar a sus elegidos, y desconociendo sus miserias, envidiamos lo menos deseable.
Goyo se pregunta: ¿porqué no se habla de Carlo Broschi?. En este año se cumplen 300 años de su nacimiento. Tal vez, por ser la obra cumbre de una de tantas perversiones de la Iglesia Católica, que empeñada en seguir la orden de San Pablo, obligaba a las mujeres a permanecer calladas en la iglesia; prohibiendo incluso alzar su voz tentadora en los cantos religiosos.
Goyo dice que la Iglesia siempre tiene respuestas para todo y los niños sustituyeron a las mujeres. Alguien pensó que castrar a los mejor dotados, les permitiría conservar sus laringes infantiles y así poder gozar de sonidos tan bellos que parecían surgidos de las bocas de los ángeles.
Me dice Goyo que en el siglo XVIII, no había anestesia, ni asepsia, con lo que muchos niños morían. Sólo unos pocos pasaban a las capillas de iglesias y palacios. Los más con el paso del tiempo, engrosaban las filas de los miserables, convertidos en monstruos y atracciones de feria.
Hasta 1902 existieron "Castratis" en El Vaticano.
Carlo Broschi, fue el castrati más famoso. Pasó a la historia como Farinelli.
Fue adorado y envidiado como pocos en su época. Sin embargo, fue el producto de una enorme perversidad de la Iglesia, puesta al servicio del edonismo más abyecto de los poderosos.
Tal vez Carlo, el elegido de Dios, hubiera preferido que Saulo (San Pablo) no hubiese sido más que un despiadado guerrero conquistador de tierras lejanas, con las que hacer soñar a los niños del futuro.Comentario de Alberto hace 4 años y 54 meses
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Hola Pepe, es cierto que la religión despierta el interés por el mundo antiguo....
..., y más aún en personas como tú, con "inquietud" (característica esencial que yo considero innata aunque bien puede despertarse cómo dices); pero en nombre de esta asignatura, también hay profesores que enseñan fanatismo e incultura como lo que vemos en televisión.
No quisiera que nadie se ofendiese, porque considero los principios de la religión muy hermosos y además creo que se vive más feliz creyendo, sobre todo de cara a la muerte, que con mi forma de pensar.
A mí la asignatura de religión me rozó de pasada, como tantas otras, y creo que la razón es sencilla : los profesores.
No me cabe duda que tuviste un profesor de religión extraordinario que te hizo "despertar" una afición.
Y estoy segura, porque lo mismo me pasó a mí con una asignatura abstracta e indigesta como el dibujo técnico. Yo tuve una profesora que nos ponía música para que cerrásemos los ojos e imaginásemos intersecciones de planos y rectas. Ella despertó en mí la vocación por mi profesión actual; por la misma razón por la que conozco las formas verbales mejor que nadie de mi generación: tuve un profesor que organizaba concursos con los verbos.
Yo considero que la religión podría tener suficiente con formar parte de la asignatura de Historia, en favor por ejemplo de la Geografía (en la que la gente de mi edad está pegada), y lo que sí promovería es el ARTE DE LA ENSEÑANZA tan poco valorado y que tantas bajas por depresión les cuesta al personal docente.
Quién no tuvo un profesor que le hizo "pensar" y darse cuenta que no es profesor sólo el que sabe mucho sobre una asignatura.
PD: Yo tuve oportunidad no hace mucho de decirle a mi profesora que hoy soy muy feliz dedicándome a lo que ella me enseñó, y se echó a llorar.Comentario de Ruth hace 4 años y 54 meses
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