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Los Nadies








El día en que la gente de izquierda se fue a su casa

por Jorge López Ave
Colectivo Cádiz Rebelde



La falta de participación esta golpeando con fuerza a todo el tejido asociativo, la gente ha desertado de organizaciones políticas, de asociaciones de vecinos, de reuniones sindicales... La esfera de lo privado y personal, se ha hecho tan enorme y ha empequeñecido tanto lo público y lo social, que ya cuesta trabajo reconocer su propia existencia y utilidad. Lo que ocurre, en las reuniones que aún se siguen celebrando, es una pálida sombra de tiempos mejores, donde la gente acudía con el convencimiento, no sólo de que la participación era en sí un acto importante, sino una necesidad, un aporte necesario para el cambio social. El paso del tiempo parece haber devorado con avidez esas iniciativas.

Analizar las causas del desplome de la participación popular, preguntarse si hay responsables y beneficiarios de ello, parece una obligación para las personas y organizaciones que aspiran a cambiar su entorno, para los que, como es sabido, la atomización e individualización de la sociedad, juega en su contra, pero, curiosamente, a favor de otros.

Lo cierto es que la mayoría de las personas de la izquierda (entendiendo ésta como la ideología que quiere abolir el capitalismo), de los sectores sociales más activos, se han ido a su casa. No faltará quienes apunten con rapidez, y repitiendo una cantinela interesada, que la actual democracia y el consiguiente grado de libertades alcanzado, lo consideren suficiente, y la gestión de los supuestos logros la dejen en manos de políticos y sindicalistas profesionales a los que se eligen cada cuatro años, en el acto sumo (y único) de supuesta participación democrática.


El grado de satisfacción económica parece suficiente como para que no se haga el ejercicio de salir unos minutos de sus comodidades, para ir a una asamblea preñada de frases hechas y poco rentable en lo social, espiritual y hasta en lo económico. Esta tesis de una población progresista acomodada a lo que hay, y por tanto, en realidad conservadora, afecta al sustrato mismo de su concepción del mundo, ya que puede resultar que la síntesis que se deduzca es que no eran tan de izquierdas como creían, y en la soledad de sus contradicciones, reconozcan que su objetivo, con los primeros conatos reivindicativos y rebeldes de su juventud, era vivir en una sociedad capitalista justa (acéptenme la contradicción), y eso, más o menos, ya está conseguido.

A partir de ahora, de cómo les vaya en la vida, de lo que les pase con sus empleos y viviendas, tanto a ellos como a sus hijos, dependerá, en cualquier caso, de la suerte, del grado de riesgo que asuman, o del ministro de Economía de turno, pero jamás del sistema, que al reconocerlo como democrático y aceptarlo como el menos malo, se le exonera de responsabilidad y de las dificultades que puedan llegar, ya que el sistema capitalista y sus relaciones de producción son aceptadas sin rechistar, sin cuestionamiento alguno, y para no dudar un buen reportaje sobre el fracaso de cualquier praxis opuesta al capitalismo, los termina de disuadir. Eso sí, jamás va a admitir que en las movilizaciones masivas, en las algaradas y reivindicaciones de juventud, había un freno puesto, había un deseo oculto de llegar a parecerse lo más posible a un país desarrollado, que da bienestar a los suyos (que siempre estarán divididos en clases, claro está, pero que se asume como mandato divino), aunque para ello tenga que recurrirse a la explotación del Tercer Mundo, y a, por ejemplo, la obtención de materias primas a precios de robo, en nombre del mercado internacional y la globalización que, como se sabe, es muy ventajosa para todos. Un sentido "ay, que pobreza hay en el mundo" frente a un informativo de televisión, siempre servirá para tranquilizar espíritus, almas, y lo que haga falta.

Es cierto, que también se han ido a su casa militantes honestos y fieles con esos mismos deseos de cambios, que albergaron en sus primeros balbuceos revolucionarios. Quizás aquí el desengaño sea casi con la condición humana, con la imposibilidad de convivir en organizaciones que reproducen al milímetro, las taras y egoísmos propios del sistema al que dicen combatir, sea casi con la falta de estómago para soportar dirigentes y aspirantes a, que han hecho de la política y el sindicalismo un modus vivendi en sí mismo, que han convertido las estructuras de las organizaciones en maquinarias, cuyo objetivo primero, y último, es perpetuarse en cargos orgánicos y/o institucionales, a costa de tirar por la borda ideario político, tácticas, estrategias, etc., pero que hábil e interesadamente, se amparan en banderas y siglas forjadas por otros hombres y otras mujeres, en otras épocas donde millones creyeron que se podía vivir de otro modo, y se volcaron a ello con generosidad.

Es más que probable que ni unos ni otros vuelvan a la lucha colectiva por una sociedad más justa. Los primeros porque piensan que ya no lo necesitan, y por tanto, nos interesan poco, pero los segundos que, en un gesto noble consideran que tienen que venir otras gentes, más jóvenes, con más ganas y entusiasmo que los releven, que sean capaces de parir otro tipo de organizaciones, más abiertas, más acordes con estos tiempos sin luz en el túnel, por supuesto asamblearias, sin cargos perennes, con acción y formación, sin miedo a perder votos, sin posibilidad de envejecer pegado a un puesto en cualquier institución. Quizás alguien debería dar un aviso desgarrado a esa cantidad ingente de hombres y de mujeres para que, como en las carreras de atletismo, se acerquen a enseñar, a explicar errores y experiencias certeras, en pocas palabras: a dar el testigo a los más jóvenes.

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Comentarios

  1. Que reflexión más interesante.

    No sé porqué, pero me agradan especialmente estos párrafos que reproduzco... ¡¡por algo será!!; y me da la impresión, que a algún que otro Nadie, es posible que le ocurra lo mismo, es decir que cuando los lee, el estomago le hace "cosquillillas"... entre otras cosas.

    ... Es cierto, que también se han ido a su casa militantes honestos y fieles con esos mismos deseos de cambios, que albergaron en sus primeros balbuceos revolucionarios. Quizás aquí el desengaño sea casi con la condición humana, con la imposibilidad de convivir en organizaciones que reproducen al milímetro, las taras y egoísmos propios del sistema al que dicen combatir, sea casi con la falta de estómago para soportar dirigentes y aspirantes a, que han hecho de la política y el sindicalismo un modus vivendi en sí mismo, que han convertido las estructuras de las organizaciones en maquinarias, cuyo objetivo primero, y último, es perpetuarse en cargos orgánicos y/o institucionales, a costa de tirar por la borda ideario político, tácticas, estrategias, etc., pero que hábil e interesadamente, se amparan en banderas y siglas forjadas por otros hombres y otras mujeres, en otras épocas donde millones creyeron que se podía vivir de otro modo, y se volcaron a ello con generosidad.

    Es más que probable que ni unos ni otros vuelvan a la lucha colectiva por una sociedad más justa...., pero los segundos que, en un gesto noble consideran que tienen que venir otras gentes, más jóvenes, con más ganas y entusiasmo que los releven, que sean capaces de parir otro tipo de organizaciones, más abiertas, más acordes con estos tiempos sin luz en el túnel, por supuesto asamblearias, sin cargos perennes, con acción y formación, sin miedo a perder votos, sin posibilidad de envejecer pegado a un puesto en cualquier institución. Quizás alguien debería dar un aviso desgarrado a esa cantidad ingente de hombres y de mujeres para que, como en las carreras de atletismo, se acerquen a enseñar, a explicar errores y experiencias certeras, en pocas palabras: a dar el testigo a los más jóvenes

    Comentario de Juan Antonio hace 4 años y 55 meses


  2. Comparto plenamente tus reflexiones, y en gran medida me quiero identificar con esos nadies que describes.

    Salud

    Comentario de unomas hace 4 años y 55 meses


  3. Me ha emocionado, pero además de hacerme cosquillitas, se me ha revuelto el estómago, que razón tienes ...

    Comentario de unomas hace 4 años y 55 meses


  4. Te gusta meter los dedos en la llaga, Juan Antonio.

    A mí no me ha producido cosquilleo, me ha hecho que vuelva a sangrar la vieja herida que aun tengo sin cicatrizar, y creo que tenemos muchos, demasiados quizás, para lo joven que es esta torpe democracia.

    Sobre todo a los cincuentones (como dice Ripoll), que vivimos las dos épocas.

    Que nos ilusionamos, que pusimos en el asador lo mejor de nuestras vidas, que sacrificamos a los que más cerca teníamos y más queríamos por la causa, ¿y al final? ...,

    ... al final, no hemos perdido la esperanza del todo, no hemos perdido las ganas de luchar, sólo la hemos arrinconado. Hasta que aparece una situación de injusticia y gritamos de dolor, porque nos duelen como si nos pasaran a nosotros mismos; o aparece un pedazo de “cabroncete” como tú y nos hacer salir corriendo a urgencias con sus articulitos.

    Pero a pesar de todo..., por muchos años, ¡¡¡hasta siempre compañeros!!!..

    !!!Mereció y sigue mereciendo la pena!!!, porqué si no, ¿qué seríamos?, ¿cucarachas inmundas en un estercolero?.

    Comentario de Juan hace 4 años y 55 meses


  5. Mi amigo Goyo, se ha convertido en un gusano de seda.

    Yo no alcanzo a comprender si se trata de un orgullo o una desgracia, aunque la responsabilidad no es del todo suya, porque la vida se ha vuelto oscura, acartonada, sin horizontes, como una verdadera caja de zapatos.

    La pureza en estas condiciones resulta una misión complicada, una tarea voluntariosa y secreta, que solo se llega a cumplir gracias a la metamorfosis, para caminar entre los humos de la contaminación urbana e ideológica, para arrastrarse con sigilo entre el desencanto, la hoguera de los sueños perdidos, los horarios hostiles, la ciudad cargada de podredumbre y luz artificial, corrompida e insana, del mundo moderno. Vivir bajo el signo de una bombilla fundida es una verdadera invitación a la existencia del gusano con voluntad de seda.

    La infancia es el territorio del genio, el estado vegetal de las ideas. Pero Goyo, padeció como cualquier humano la mala suerte de hacerse mayor, ya que había nacido estuvo condenado a crecer, es decir, a soportar las inmundicias del siglo, el olor a gasolina, las tarjetas de crédito, la música de los bares nocturnos, la corrupción y engaño de los jóvenes y políticos, el trabajo hostil, la falta de aire para la vida.

    Pero la soledad de Goyo no carece de mensaje. Si alguien levanta la tapa de la caja de zapatos, tendrá la posibilidad de admirar a una perfecta metamorfosis de alguien que lucha contra todo por ser lo que soñó.

    Comentario de Alberto hace 4 años y 55 meses


  6. Es difícil ser de izquierdas. Y es muy complicado ser coherente.

    La izquierda real es exigente: requiere tiempo, paciencia, educación. Y, sobre todo, necesita hombres y mujeres ejemplares, personas de una pieza a las que se pueda seguir sin temor a caer por un precipicio moral o ideológico.

    Vargas Llosa empieza su gran novela Conversación en la Catedral) con una pregunta: "¿cuándo se jodió el Perú?". Quizás podríamos hacernos la misma pregunta.

    Cuando uno va por el mundo y se entretiene en hablar con la gente, descubre que existe una amplia mayoría de ciudadanos que desean que las cosas sean de otra manera. Gente a la que le gusta el diálogo, la convivencia, la paz. Gente solidaria, dispuesta a trabajar por las buenas causas. La inmensa mayoría de la población, cuando hablan en términos sociales, desconfían de la política y manifiestan una cierta orfandad. No hay referentes, los líderes no fueron personas ejemplares. La ilusión ha dado paso a la decepción.

    Sin embargo, las cosas no son fáciles. Hay que rescatar viejos modos, y sacar tiempo de donde no hay. No hay tiempo para debatir y discutir. No hay tiempo para intercambiar ideas. No hay tiempo colectivo. A veces, ni siquiera hay tiempo para la familia.

    Agotados, esclavos del trabajo, desilusionados, adormecidos, hemos hecho de nuestras casas nuestros fortines, y en ellas, en los sofás, con el mando a distancia, lejos de todo, sentimos que ahí fuera todo sigue igual, que no somos necesarios, y que esta vez no vamos a malgastar nuestras energías en un nuevo proyecto, porque nuestros líderes, aquellos líderes en los que creímos y confiamos, nos llevaron directamente al abismo de su propia desvergüenza.

    Y, sin embargo, sigo siendo optimista, y sigo apostando por la esperanza.

    Comentario de Enrique hace 4 años y 55 meses


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