La Otra Mirada
Juan Antonio - 01-05-2005 22:19:59 | Categoria: Reflexiones
Enviada por Pepe Sarriá
Decía Napoleón que una guerra sólo se podía hacer con tres cosas imprescindibles: dinero, dinero y dinero.
Esto ha debido de pensar el Ministro de Defensa de la gran Egpaña, José Bono, quien propuso la aprobación en el Consejo de Ministros del pasado viernes del proyecto de Ley de Tropa y Marinería. Bono ha sacado del baúl de los recuerdos su antiguo carné ugetista y se ha calado la gorrilla burdeos de los primeros de mayo para proponer la mejora laboral de los pipiolos españoles, con el fin de mitigar la desbandada que se está produciendo en la plantilla del pretendido ejército profesional nacional.
Ya se sabe que vivimos en una época carente de ideales y de romanticismo y que el orgullo de una Armada Invencible, el ardor de unos tercios de Flandes o la bizarría de nuestros descubridores coloniales sólo se consigue a base de euros democráticos. Quizá por ello, el Ministro ha señalado que la nueva Ley marcará un antes y un después en las Fuerzas Armadas. “Con esta Ley -ha dicho- se van a acabar las incertidumbres, y un chico o una chica que tenga entre 18 y 25 años se va a poder jubilar en los Ejércitos y, además, cuando tenga 42 años va a poder tener una pensión similar al Salario Mínimo Interprofesional”.
Ahí, ¡¡con dos cojones!! No me dirán ustedes que con esta medida la gente no va a acudir a mansalva a las puertas de los cuarteles a pedir la hoja de solicitud para apuntarse a que le peguen un tiro en el pecho en Sarajevo o a que los despanzurren vivos en Afganistán. Vamos, que a mí porque me ha pillado cuarentón, que si no le quito el polvo a mi viejo máuser, me pongo la guerrera color caqui y empiezo a cantar aquello de “soldadito español, soldadito valiente, la alegría del Sol fue besarte en la frente”. Ya adivino a ese caudal de jóvenes, de nuestros jóvenes, los mejor preparados de nuestra historia, ilusionados por perder los calzoncillos pegando tiros por las calles de cualquier ciudad en guerra por unos 1.000 euros mensuales y una pensión rayana al SMI. Eso sí, llenos de condecoraciones y posibles mutilaciones. Bono, que es un visionario, un santo varón, cree firmemente en los milagros.
Esto ha debido de pensar el Ministro de Defensa de la gran Egpaña, José Bono, quien propuso la aprobación en el Consejo de Ministros del pasado viernes del proyecto de Ley de Tropa y Marinería. Bono ha sacado del baúl de los recuerdos su antiguo carné ugetista y se ha calado la gorrilla burdeos de los primeros de mayo para proponer la mejora laboral de los pipiolos españoles, con el fin de mitigar la desbandada que se está produciendo en la plantilla del pretendido ejército profesional nacional.
Ya se sabe que vivimos en una época carente de ideales y de romanticismo y que el orgullo de una Armada Invencible, el ardor de unos tercios de Flandes o la bizarría de nuestros descubridores coloniales sólo se consigue a base de euros democráticos. Quizá por ello, el Ministro ha señalado que la nueva Ley marcará un antes y un después en las Fuerzas Armadas. “Con esta Ley -ha dicho- se van a acabar las incertidumbres, y un chico o una chica que tenga entre 18 y 25 años se va a poder jubilar en los Ejércitos y, además, cuando tenga 42 años va a poder tener una pensión similar al Salario Mínimo Interprofesional”.
Ahí, ¡¡con dos cojones!! No me dirán ustedes que con esta medida la gente no va a acudir a mansalva a las puertas de los cuarteles a pedir la hoja de solicitud para apuntarse a que le peguen un tiro en el pecho en Sarajevo o a que los despanzurren vivos en Afganistán. Vamos, que a mí porque me ha pillado cuarentón, que si no le quito el polvo a mi viejo máuser, me pongo la guerrera color caqui y empiezo a cantar aquello de “soldadito español, soldadito valiente, la alegría del Sol fue besarte en la frente”. Ya adivino a ese caudal de jóvenes, de nuestros jóvenes, los mejor preparados de nuestra historia, ilusionados por perder los calzoncillos pegando tiros por las calles de cualquier ciudad en guerra por unos 1.000 euros mensuales y una pensión rayana al SMI. Eso sí, llenos de condecoraciones y posibles mutilaciones. Bono, que es un visionario, un santo varón, cree firmemente en los milagros.
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