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Los Nadies








El último beso

Manifiesto leído por el escritor y periodista Juan José Téllez durante la concentración en homenaje a las víctimas del Estrecho


Cuando un niño muere en mitad del Estrecho y en brazos de su madre, ¿cómo no restaurar los viejos sueños que nos hablan de un mundo sin fronteras, a despecho de que nos llamen anacrónicos, iluminados, últimos mohicanos del movimiento jipi? ¿Cómo renunciar al supremo derecho a la utopía si lo único que nos queda es la imagen de una niña en la UCI o de mujeres embarazadas, intentando burlar de esa forma su expulsión del paraíso?
Cuando emerge de las aguas del olvido el último cadáver de la patera de Rota, en mitad de la Bahía y frente a la mayor base militar de este país, ¿no cabe preguntarse a qué viene que nos hablen de seguridad y de defensa? Seguridad, ¿para quién? Defensa, sí, pero ¿de qué intereses?
Estamos construyendo un mundo muy distinto al que soñamos y pienso que es urgente restaurar los viejos sueños antes de que se nos conviertan definitivamente en pesadillas. Frente al pan, pan y al vino, vino del toma y daca. Frente al pragmatismo miope de aquellos a los que les da repeluz tocar las llagas de la vida y de la muerte. Frente a la fe carbonera de los Estados que antes que proteger al pueblo soberano se convierten en las voces de sus verdaderos amos; esto es, los consejos de administración de las transnacionales, remendemos las ilustres banderas de la esperanza y creamos firmemente otra vez en que más temprano que tarde paseará el ser humano libre por las grandes alamedas.
Frente a los sistemas integrados de vigilancia exterior que llenan de microchips las playas de nuestros dos mares mestizos, abramos esa tierra de nadie de la ternura como el mapa del tesoro que nos conduzca a todos hacia la isla de la solidaridad.
Frente a las leyes que no sólo intentan blindar las aduanas sino que han logrado resucitar el esclavismo con un ejército de mano de obra barata y un sinfín de países dispuestos a esa nueva colonización que es la deslocalización de empresas como único antídoto al abandono secular del Tercer Mundo, no nos quedemos en la caridad de una manta sobre los hombros ateridos de un espalda mojada. Apostemos por la investigación de cuáles son las causas de esa larga miseria y confiemos a pies juntillas que la única varita mágica para acabar con ese lamentable espectáculo de la injusticia es el desarrollo y el equilibrio.
Vivimos, a cuenta gotas, procesos de regularización o de normalización, como la autoridad competente ha bautizado al que finaliza, si nadie lo remedia, el próximo 7 de mayo. Papeles a cuenta gotas para aquellos que no sólo vienen a buscarse la vida sino a buscar la supervivencia de un sistema pomposamente llamado “estado del bienestar”, que se encuentra manifiestamente en peligro. Y si ese sistema peligra no es porque vengan inmigrantes a cotizar en la seguridad social, sino porque una extensa caterva de tunantes está malbaratándolo por causa de un sistema cuyos únicos valores son los que cotizan en bolsa y que todo lo resuelve mediante privatizaciones, flexibilidad en los despidos y libertad para unos pocos a costa de los de siempre: esto es, los mojaditos de la historia, la clase obrera y eso que antiguamente llamábamos proletariado y que hoy recibe la denominación de origen de Cuarto Mundo; esto es, los marginados, los sin techo, los sin nada, los sin nadie. Los de aquí y los de afuera. Compatriotas, al fin y al cabo, de una patria sin fronteras cuyo nombre es pobreza, sobras del banquete, callejón de los milagros, niños con moscas y mocos frente a los escaparates del consumo, nómadas que huyen de las hambrunas o de la simple falta de horizonte, gente que muere de bala o de aburrimiento, odios encendidos con el pretexto de la religión o de la etnia, moribundos bajo maremotos, temblores de tierra o el largo incendio de la explotación del hombre por el hombre.
El próximo año, se conmemorará un siglo de la Conferencia de Algeciras. Aquí y entonces, las grandes potencias se volvieron a repartir el botín de África y, especialmente, el de Marruecos. Es saludable que cien años más tarde, Andalucía Acoge celebre su conferencia anual en esta ciudad. Es todo un gesto que ojalá anuncie que las grandes potencias decidan y ojalá sea pronto, reunirse en donde sea para repartir su cuota de responsabilidad en la urgente reparación del planeta tierra y de quienes lo habitan. Que decidan cumplir aunque sólo sea eso, con el 0,7 por ciento de los presupuestos públicos que se les exige para evitar que la nave de nuestro mundo se escore definitivamente hacia el naufragio colectivo.
Andalucía Acoge y otras ONGs se resisten a asumir el papel de los músicos del Titanic y seguir tocando un vals mientras nos vamos a pique. Los hombres y mujeres de estas asociaciones y de muchas otras organizaciones de la sociedad civil europea están dando la voz de alarma, lanzando un SOS, una botella con un mensaje que dice: o nos salvamos todos o no se salva ni Dios.
Hasta ahora, eso que llaman globalización se está cortando como un traje a medida de los grandes intereses comerciales. Ya va siendo hora de que nos permitan ponerle un corazón a juego, emociones humanas; eso que llamaban amor antiguamente. Ese bebé de tres meses que murió hace unos días, se merecería al menos un beso de despedida sobre la frente. Y ojalá que en las huellas de los labios pudiera leerse la palabra justicia.
Algeciras a 22 de abril de 2.005,
Al menos tres bebés muertos en el último año al cruzar el Estrecho
El bebé que murió de frío en una patera ya descansa en el cementerio de Tarifa

Referencias

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Comentarios

  1. Me sorprende cuando hablo con la gente y observo su miedo a todo.

    Miedo a que vengan, a que sean tantos, a que sean diferentes, a que les quiten lo que tienen, a que rebajen lo que han conseguido,..... y encuentran culpables, y dan soluciones: "El Gobierno no debe legalizar su situación".

    Yo les digo que no hay solución, mientras existan tantas diferencias; que la desesperación es algo difícil de comprender si no estás desesperado. Y les invito a que hagan un viajecito a Melilla en un buen barco (Transmediterránea) y despúes imaginen qué será en un barquito, sin nada y con muchos más.

    Creo que no saben lo que es la hipotermia.

    Comentario de Alberto hace 4 años y 56 meses


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