La Otra Mirada
Juan Antonio - 24-04-2005 22:04:47 | Categoria: Reflexiones
Enviada por Pepe Sarria
Primero fue lo de la vaselina, la lubricación y la excitación. Maragall se refería con esta metáfora a la necesidad de mejorar las relaciones con sus adversarios políticos, que no sexuales, en relación a lo del butrón del barrio del Monte Carmelo. Ahora ha manifestado sentirse muy apesadumbrado por el retroceso que está experimentando el francés en el país catalán. Se refiere Pascual a una lengua, a un idioma, y no a lo otro, a lo de la otra lengua, of course.
Los franceses que han sido históricamente una especie de furúnculo en las posaderas españolas, se sienten halagados con las palabras de Maragall. Basta echar un vistazo a la historia y rememorar los ataques piratas de Francisco I contra el Imperio español, las cercanas invasiones napoleónicas o su interesado desinterés durante décadas en la lucha antiterrorista contra ETA, para entender que los revolucionarios sans-culottes te la meten precisamente por el “culotte” cuando menos te lo esperas.
Por ello resulta, cuando menos, sospechosa la tristeza del honorable. Para remediar su desconsuelo, el primer ministro francés Jean-Pierre Raffarin y el ministro de Asuntos Exteriores Michel Barnier le han expresado su beneplácito para apoyar la presencia del catalán en Europa como lengua cooficial. Maragall en agradecimiento por la terapia francesa manifestó, por su parte, que el francés "debe avanzar en los programas educativos catalanes" y que en el futuro podría ser "la segunda lengua en la enseñanza". Incluso el President se muestra muy favorable de la incorporación catalana a la Organización Internacional de la Francofonía: “Pensamos que en la historia de nuestro país Francia ha sido la puerta de la libertad durante muchos años (...) Eso se ha de materializar de forma clara. Por tanto Cataluña se adherirá a la Francofonía sin ningún tipo de reservas”
Maragall tiene más razón que un santo. Los franceses han sido los únicos que han entendido muy bien lo que cuesta la libertad y lo que hay que hacer para defenderla. Para ello, si hay que cortar alguna cabeza en la guillotina se corta, o si hay que volcar los camiones del vecino se vuelcan. Todo con tal de que nadie venga a tocarte los cojones libertarios. Zapatero no corta cabezas, ni vuelca camiones. Mientras los demás, franceses incluidos, se dedican a joder la marrana, él se limita a sonreír. Así nos va el pelo.
Los franceses que han sido históricamente una especie de furúnculo en las posaderas españolas, se sienten halagados con las palabras de Maragall. Basta echar un vistazo a la historia y rememorar los ataques piratas de Francisco I contra el Imperio español, las cercanas invasiones napoleónicas o su interesado desinterés durante décadas en la lucha antiterrorista contra ETA, para entender que los revolucionarios sans-culottes te la meten precisamente por el “culotte” cuando menos te lo esperas.
Por ello resulta, cuando menos, sospechosa la tristeza del honorable. Para remediar su desconsuelo, el primer ministro francés Jean-Pierre Raffarin y el ministro de Asuntos Exteriores Michel Barnier le han expresado su beneplácito para apoyar la presencia del catalán en Europa como lengua cooficial. Maragall en agradecimiento por la terapia francesa manifestó, por su parte, que el francés "debe avanzar en los programas educativos catalanes" y que en el futuro podría ser "la segunda lengua en la enseñanza". Incluso el President se muestra muy favorable de la incorporación catalana a la Organización Internacional de la Francofonía: “Pensamos que en la historia de nuestro país Francia ha sido la puerta de la libertad durante muchos años (...) Eso se ha de materializar de forma clara. Por tanto Cataluña se adherirá a la Francofonía sin ningún tipo de reservas”
Maragall tiene más razón que un santo. Los franceses han sido los únicos que han entendido muy bien lo que cuesta la libertad y lo que hay que hacer para defenderla. Para ello, si hay que cortar alguna cabeza en la guillotina se corta, o si hay que volcar los camiones del vecino se vuelcan. Todo con tal de que nadie venga a tocarte los cojones libertarios. Zapatero no corta cabezas, ni vuelca camiones. Mientras los demás, franceses incluidos, se dedican a joder la marrana, él se limita a sonreír. Así nos va el pelo.
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