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Los Nadies








La Otra Mirada

Enviada por Pepe Sarria


La gresca del PA

Soy de esos tipos a los que (hoy por hoy) las fronteras, las patrias, los himnos o las insignias de cualquier índole o categoría le da exactamente igual. Casi nunca he sentido apego al gentilicio ni se ha enardecido mi corazón al ondear de una enseña. Sin embargo, siendo como fui, a finales de los años setenta, emigrante en Cataluña, experimenté a mi regreso a Andalucía la identidad con el color verde y blanco de la bandera andaluza. En aquel momento la reivindicación de una patria andaluza corría de la mano del PSA quien, de alguna forma, representaba la voz oprimida de un pueblo que durante siglos había sido relegado a las cloacas del Estado.

En algún instante dejé de ser ese “andaluz de mierda” que recorría sin rumbo fijo las ramblas catalanas y se acomodaba como podía en una pensión de Carrer D´Aragó, para transformarme, a mi regreso, en un califa de Medina Azahara o un médico judío de la corte castellana. Aspiré de la mano de Alameda o Triana a convertirme en un músico universal, empujado por los textos de Lorca, Cernuda o Juan Ramón Jiménez. Abracé la letra del himno andaluz entre mis manos y la dejé reposar junto a mi pecho, creyendo firmemente que aquel color esperanza haría retornar a los emigrantes y habría cultura y prosperidad, como cantaba Carlos Cano en su “Murga los currelantes”.

Ese PSA acabó por arrebatarnos la esperanza, no digo ya de una patria, sino de un espacio donde lo andaluz fuese realmente el testimonio del caudal y el patrimonio que desde Argantonio hasta Blas Infante ha conformado este cruce de caminos que podemos identificar como Andalucía. Por un lado la gresca interna del PSA o del PA, pues ya no se sabe quien es quien en este corralón de vecinos que es la política andaluza, y por otro lado el zancadilleo continuo del resto de partidos nos han vuelto a relegar a lo de la peineta, los lunares de la Feria de Abril, la mantilla y la cera de Semana Santa.

Los del PA, con su gresca continua, no han hecho más que imposibilitar el desarrollo de una auténtica Andalucía. Su nueva ejecutiva nacional, liderada por Julián Álvarez, se enfrenta (además de a la dimisión de Francisco Jiménez, vicesecretario del PA y alcalde de Utrera) a la enésima división interna, con un sinfín de escisiones en los congresos provinciales del partido. Mientras los del PA se ponen verde, no hacen más que dejar en blanco a los andaluces. La división de nunca acabar del PA es, además de bochornosa, una pena para toda Andalucía.

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